Esa vez a la que llaman primera.

De casi todas las cosas buenas hay una primera vez. De casi todas las malas, también.

No recordamos la primera vez que reímos pero sí la primera que lloramos. Porque al mundo venimos llorando con el único fin de acabar riendo o, al menos, de intentarlo.

No recordamos la primera palabra que dijimos, ni tan siquiera el primer amigo que tuvimos, a pesar de que los que nos conocieron se empeñen en que ellos sí lo recuerdan. ¿Quién les dice que nuestra primera palabra no la dijimos completamente solos cuando nadie podía escucharnos? ¿quién les dice que ese amigo de la guardería era el primero y no teníamos otro que nadie conocía?

Con el paso del tiempo, nuestra memoria empieza a acumular recuerdos y las primeras veces de muchas otras cosas se graban a fuego en ella.

Todos recordamos el primer día de universidad, nuestro primer suspenso, nuestra graduación, la primera vez que perdimos a un ser querido, la primera vez que fuimos a un concierto, nuestra primera gran fiesta, nuestro primer coche y un sinfín de primeras veces, pero sí hay algo donde las primeras veces nunca se olvidan, donde las primeras veces siempre se recuerdan, es en el amor.

Todos recordamos el primer beso, o al menos eso creemos. Ese que nos dimos con vergüenza, sin tener muy claro si aquello era bueno o no, sin saber siquiera si nos iba a gustar o por el contrario sería algo que querríamos olvidar.

Todos recordamos el primer amor, ese que para muchos también fue el último. Todos sabemos que como ese no habrá dos. Luego podrán venir más, pero ninguno será igual. Ninguno tendrá esa inocencia, ese miedo, esa pasión, esa curiosidad, esa necesidad de experimentar, de probar, de disfrutar, esa necesidad de amar.

Todos recordamos nuestra primera vez, esa que siempre se cuenta a pesar de que muchos quieran olvidarla. Esa primera vez en la que nada era perfecto, en la que todo eran fallos, en la que nuestro acompañante no era el correcto, en la que el sitio, el momento y todo lo demás, no eran más que errores, errores que la hacían completamente perfecta.

Todos recordamos la primera vez que nos rompieron el corazón, la primera vez que nos hicieron daño. Esa en la que pensábamos que el mundo se nos caía encima, que nada tendría sentido después, que nunca conseguiríamos salir de aquello. Esa primera vez nunca se olvida pero, ¿nos acordamos de la primera vez que hicimos daño?, ¿nos preguntamos si nosotros habíamos roto algún corazón antes de aquello?.

Nos pasamos la vida recordando las primeras veces pero, ¿por qué no le damos importancia a las demás? ¿por qué no nos paramos a pensar si la segunda, la tercera o cualquier otra no son más importantes que la primera?.

Algunos el primer beso no lo recuerdan porque probablemente fuese por decisión de una botella que giraba sin parar mientras un grupo de niños se sonrojaban con miedo y, a la vez, ganas de ser los elegidos por aquel envase de cristal. El segundo pudo ser con la persona correcta, y tal vez, aquel que recordabas como primero no lo era, y este segundo había arrebatado en tu memoria la posición inicial.

El primer amor siempre marca porque es diferente, porque te hace sentir cosas que después no se pueden recuperar, pero el segundo también. Lo que empieza siendo un amor más maduro, más tranquilo o más planeado puede acabar convirtiéndose en un amor  más infantil, más alterado de lo esperado y totalmente inesperado.

La primera vez es especial por ser la primera, pero la segunda, la tercera, o las siguientes pueden ser mucho mejores. Sin nervios, sin prisas, sin miedos y sin todos aquellos factores propios de la primera que la hicieron especial pero también difícil, todos esos factores que no tienen porqué repetirse en las siguientes.

La primera vez que te rompen el corazón duele, la segunda, la tercera y las demás, también o ¿ acaso no duele más una herida sobre otra que una completamente nueva?, ¿no duele más saber el dolor que se siente previamente y a la vez, ver que irremediablemente te toca pasar por lo mismo?.

Las primeras veces ya están hechas pero tenemos la opción de hacer que las siguientes sean tan buenas que dejen estas atrás, que las conviertan en experiencias más pero no en las fundamentales, arrebatándoles el primer puesto en nuestro recuerdos, el primer puesto en nuestros buenos recuerdos.

@AngelLudena

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Un pensamiento en “Esa vez a la que llaman primera.

  1. Al leer tu escrito, me has hecho buscar en mis recuerdos algunas de mis “primeras veces”… Aunque no todas las recuerdo bien (en la mayoria de ellas, hace ya mucho tiempo), aunque no todas son agradables,
    gracias por ayudarme a rebuscar en mis sentimientos. ¡Es un buen ejercicio!……

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