Promesas.

Nos pasamos la vida prometiendo. A los demás y a nosotros mismos.

Todos los lunes nos prometemos dejar de fumar, los 1 de Enero que cambiaremos de vida, a una nueva, a una mejor. En época de exámenes que la próxima vez cogeremos el libro antes, cuando vemos que el verano se acerca, que comeremos mejor, que volveremos a ese sitio que tanto nos gustó, que veremos a ese amigo de la infancia y que esos errores repetitivos, no volverán de nuevo.

En el amor también se promete. Alguno “hasta que la mete”. Otros bastante más.

Nos prometemos no ser quien se presente y esperar a que sea el otro el que se acerque. Nos prometemos no ser el primero en pedir el número de teléfono, no subirlo a casa tras una bonita velada y no llamar después de la primera cita. Nos prometemos terminar con la historia cuando se repita la discusión de siempre, no caer de nuevo en el mismo error, no ser el primero en disculparse, ni llamar antes que el otro después de la bronca del siglo. Si tienes un desliz, no volver hacerlo, si lo padeces, no perdonarlo de nuevo. Cuando te dejan, no volver a intentarlo. Cuando dejas, no intentar retomarlo. Si te casas, prometes que será para siempre. Si te divorcias, también.

Nos prometemos muchas cosas, nos prometen demasiadas.

Nos prometen que nunca nos olvidarán a pesar de saber que la memoria tiene un límite, que no volverán a fallarnos cuando están de nuevo haciéndolo, que nunca habrá otro cuando puede que haya varios, que lucharan por nosotros hasta que se cansan de pelear, que nos querrán para siempre cuando el para siempre nunca existió y que estarán al lado eternamente mientras se marchan sin mirar, mientras se marchan sin despedirse.

A pesar de que todas duelen, no hay promesas peores que las que te hace ese alguien, ese que lo sintió todo y ya no siente nada, ese que prometió llamarte, cuando no quería ni pensarte, verte de nuevo, cuando sabía no, que eso no tocaba, y quererte cuando en realidad ya había dejado de hacerlo, cuando en realidad se preguntaba si alguna vez lo había hecho.

Siempre escuché que las promesas había que cumplirlas pero nunca me dijeron que hubiese un plazo para ello, por eso yo ahora me pregunto: ¿caducan las promesas?

@AngelLudena

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