Puestos a hablar, hablo de un pueblo.

Siempre he vivido en una ciudad. Siempre he veraneado en un pueblo. En la primera me lo he pasado genial. En el segundo he vivido los mejores momentos de mi vida, por eso no podría decantarme por ninguno de los dos.

Tanto en las ciudades como en los pueblos, nos pasamos el día hablando. Eso es innegable. Igual que también lo es, el hecho de que hablamos mucho de todos y poco de nosotros mismos.

Nunca me gustó que hablaran de mí. Siempre me intimidó, molestó y enfadó que la gente opinase sobre mi vida sin que nadie le preguntase sobre ella, sin que nadie los autorizara a ello. Conseguir pasar inadvertido en un pueblo es difícil, por eso admiro profundamente a los que viven ellos.

Por eso vivo en una ciudad grande. Las ciudades como Madrid. Donde vienes, vas, vuelves y te vas sin que nadie te pregunte, sin que nadie hable de más, sin que nadie te cuestione.  Las ciudades donde cada uno es quien quiere ser.

Por eso no vivo en un pueblo. Porque dicen conocerse todos y porque en realidad son muy pocos los que se conocen. Porque allí muchos no son quiénes quieren ser, sino quiénes les toca ser, quiénes los demás quieren que sean o quiénes los demás esperan que sean.

En las ciudades grandes como Madrid puedes salir con 300 diferentes, ir de fiesta todas las noches y pasearte en calzoncillos por Gran Vía que nadie te cuestionará, nadie hablará de ti porque directamente nadie te prestará la más mínima atención.

En los pueblos, serán muchos los que te asignarán novios/as inexistentes, a los que probablemente no conozcas, te aparecerán amistades que no lo son y te colocarán enemigos que ni siquiera sabes por qué te odian. Si eres nuevo, o estás de visita, te interrogarán hasta el límite,  dirán que dijiste cosas que nunca salieron de tu boca, la gente te dejará de saludar sin decirte el motivo y te llamarán suelto/a si hablas con más de 3, porque si es con más de 4 directamente te querrán llevar a la horca.

Si te caes en una ciudad, aún teniendo miles de personas alrededor, puede que nadie se de cuenta. O tal vez ni siquiera quieran dársela.

Si te caes en un pueblo, aún estando en una calle inhabitada, antes de levantar la mirada tendrás a 100 riéndose, a 200 comentándolo, 300 ayudando a levantarte, 400 llevándote al médico y a 600 yéndote a visitar porque, aunque sea para luego hablar, irán a visitarte.

Si te mueres en una ciudad, irán tus amigos, tu familia, tus compañeros de trabajo y el señor de la funeraria.

Si te mueres en un pueblo tendrás allí el pueblo al completo, la gente de alrededores y un séquito de personas llorando tu marcha, te conocerán o no, pero te llorarán como si fueses su hijo.

Si te casas en una ciudad irán los justos y necesarios.

Si te casas en un pueblo, aún invitando a todos, te faltará gente.

En las ciudades grandes todos los días hay fiesta. Puedes salir cuando quieras por cientos de discotecas, ir a las fiestas más comentadas y estar con la gente más popular, con esa de la que todo el mundo habla.

En los pueblos se sale también. Los fines de semana, siempre al mismo sitio, al sitio de todos. En fiestas, la cosa es diferente. Las fiestas de un pueblo, son mucha fiesta. Las fiestas de un pueblo con su verbena, su gente y sus peñas, valen más que unas cuantas de esas de las que tanto se hablan en la capital, de esas a las que he ido sin parar, esas que desde hace un tiempo no quiero ni pisar.

Los pueblos tienen muchos fallos. Las ciudades, también. Y es que, a pesar de todo, hay veces en las que te apetece salir a la calle y saludar al carnicero, darle los buenos días al de la tienda de la esquina, y decirle al panadero que le dejas la barra a deber. Y es que, hay veces, en las que necesitas que te pregunten qué tal, que se preocupen por ti y que te vengan a visitar.

En una ciudad es muy fácil estar rodeado de gente, sin conocer a nadie. En una ciudad es muy fácil sentirse solo. En los pueblos, no tanto. Y es que, a pesar de que para vivir me quedo con las ciudades, debo reconocer que los pueblos y su gente, también tienen su encanto, un encanto que hace que me encanten los pueblos.

@AngelLudena 

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