Feos con suerte.

Siempre escuché que la belleza era relativa, y lo es, hasta cierto punto. Hay gente guapa, hay gente fea y luego está esa gente a la que llaman del montón, esa que a algunos les encanta y a otros les horroriza. A lo largo de mi vida me he encontrado con todo tipo de perfiles, perfiles diferentes que a todos, más o menos, nos causan la misma impresión, perfiles que están destinados a unirse entre sí.

Guapo/a de manual: Lo miras y dices: ¡Uh, que guapo/a! y ni te acercas porque o te parece demasiado para ti, o directamente no te gusta, porque puede ser físicamente perfecto/a y no gustarte absolutamente nada. Ligan menos de lo que parece y suelen acabar con gente fea. Sí, fea. ¿Por qué? Muy sencillo. Los feos/as como ya de primeras no tienen nada que perder, se la juegan y después de mucho insistir terminan consiguiéndolo. En la perseverancia está la clave del éxito.

Monillo/a: No es extremadamente guapo/a, ni tampoco feo/a. Es simplemente mono/a. Suelen ser bastante simples y el ejemplo de que puedes tener los ojos bonitos, la nariz y la boca perfecta y el cuerpo aceptable y sin embargo no causar impresión alguna. Tienen un éxito relativo y terminan con gente de su mismo perfil. Dios los cría. Ellos se juntan.

Del montón: El grupo más diverso. El grupo en el que la frase “pa’ gustos, los colores” cobra significado. Aquí se encuadra todo tipo de gente con características diversas, con características no lo suficientemente malas como para incluirlo claramente en un grupo negativo, ni lo suficientemente buenas para añadirlo a uno positivo. Su entrada en un grupo u otro, depende única y exclusivamente de la percepción que tenga de él quien se lo asigne. Su futura pareja, dependerá del gusto de cada uno. Normalmente nos gusta la gente del montón. Esa gente a la que terminas viéndole un punto. Sí, un punto. Un punto es eso que mis amigas y yo utilizamos para hablar de la gente que sin ser guapa, ni fea, tiene algo que engancha y hace que pasar tiempo con ella sea una actividad más que apetecible.

Raro/a: Hay físicos extraños. Gente que no se puede encuadrar en ningún grupo porque tienen el suyo propio. El de gente rara. No tienen fallos extremos ni grandes aciertos pero en conjunto no gustan y no gustan porque son raros. La soltería termina siendo su principal opción.

Feo/a: Hay gente fea. Hay gente fea sin discusión posible. Dentro de este perfil se incluye a esa gente cuya foto miras y automáticamente la cara te cambia, abres los ojos, coges aire y dices: ¿qué es eso?. Sin palabras. Indescriptible. Lo intentas y miras de nuevo buscando algo bonito y no lo hay. Piensas posibles cortes de pelo, cambios de look, incluso, retoques estéticos y te terminas dando cuenta de que para salir de ese grupo sólo tienen una opción: entrar de nuevo a la barriga y que su madre los haga de nuevo.

La gente muy guapa, produce rechazo. La gente mona, indiferencia. La del montón, opiniones diversas. La rara, extrañeza. La gente fea, al principio, pena. Sí, pena.

Al ver a alguien feo piensas, “pobre” hasta que llega un día en el que descubres que esa famosa frase de “la suerte de la fea, la guapa la desea” no es una frase sin más, sino una verdad, esta vez sí, absoluta. Está comprobado. La gente fea es la que más liga porque es más accesible, tienen más amigos porque, o hacen gracia, o dan pena, ambos motivos para incluirlos en tu grupo, aprueban más porque parecen más listos, consiguen mejores trabajos porque todos creen que, al ser feos, no tendrán otra dedicación que sus labores profesionales, no pierden el tiempo arreglándose porque saben que no tienen remedio y además cuentan con una gran ventaja, la gente se fía de ellos.

Si ves que ese alguien que te gusta habla mucho con alguien feo, piensas: ¡Bueno, da igual, sí es feo!. Da igual hasta que deja de darlo. Da igual hasta que ese feo/a te lo/a levanta sin que te des cuenta. Te jode, y mucho. Te preguntas mil veces cómo te han podido dejar por alguien así hasta que terminas dándote cuenta de que la gente fea puede ser fea pero no tonta y que luego, a la hora de la verdad, el físico tampoco es tan importante.

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Ángel Ludeña.

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2 pensamientos en “Feos con suerte.

  1. Yo no creo que la perseverancia garantice nada. Para mí es el comienzo del acoso, así que, si te dicen no o te lo insinúan, a otra cosa, mariposa. En mi caso y en el de muchas personas que conozco, la perseverancia se convierte en pesadez, y provoca un efecto contrario al deseado. Yo no trago a las pesadas o a las que nunca se dan por vencidas. Me puede halagar que sientan tanto interés en mí como para intentarlo una y otra vez, pero a la larga acabo por aborrecerlas. Aunque, claro, sólo me he encontrado con tres pesadas. Los hombres suelen ser más pesados que las mujeres.

    Tampoco creo que la gente fea sea más accesible. Es justo al revés, los guapos son más accesibles, porque no tienen complejos y se saben atractivos; tienen seguridad en sí mismos. Los feos y las feas suelen ser tímidos y no es raro que muchas veces se comporten con agresividad debido a que sienten miedo de ser rechazados, lo cual suele suceder debido a su comportamiento. Es la pescadilla que se muerde la cola: se sienten deprimidos por ser feos; se comportan de manera agresiva y, por ello, no ligan; así que, finalmente, su depresión aumenta, porque no se comen un colín. Pero, aunque haya feos accesibles, lo cierto es que, en general, no tienen demasiado éxito, precisamente porque siguen siendo feos aunque sean accesibles. Hay excepciones, por supuesto, pero sirven sólo para confirmar la regla.

    Tampoco estoy de acuerdo en que la gente no se acerque a los guapos o las guapas o tengan miedo a que ellos los rechacen. Mi experiencia es que los guapos suscitan el interés y concitan opiniones favorables casi siempre, con la excepción del ámbito laboral, en que también importa que sepan trabajar bien; todo el mundo quiere estar a su lado y oír lo que dicen, aunque no digan nada de interés, y todo el mundo quiere tirarles los tejos (menos los feos, que, por lo dicho en el anterior párrafo, no tienen confianza en sí mismos). Es verdad que ciertos guapos pueden resultar a la postre insoportables, pero yo he conocido más guapos y guapas agradables que altaneros, y supongo que la estadística será parecida en otras partes, porque no creo que el comportamiento cambie demasiado en otras zonas o en otros grupos sociales.

    Lo que nunca había oído es lo de gente “rara” y su más que probable opción, la soltería. Yo diría que son los feos los que están abocados la mayoría de las veces a la soltería.

    Por supuesto, tampoco estoy de acuerdo en que a la hora de la verdad el aspecto no importe. En realidad, importa mucho a cualquier edad. Es verdad que, si te ligas a un guapo o una guapa y te sale rana porque es insoportable y creído, entonces acabarás dejándolo, pero no creo que sea posible que alguien muy feo acabe enamorando a otra persona, por muy majo que sea.

    Saludos.

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