Ni contigo, ni sin ti.

“Te quiero, pero no puede ser”. Durante mucho tiempo defendí la idea de que el amor podía con todo, que si dos personas se querían no había barreras posibles pero, con el tiempo he descubierto que por muy triste que sea, a veces, con quererse no basta.

Puedes querer a alguien con todas tus fuerzas. Ese alguien te puede querer más de lo que nunca pudieses imaginar. Ambos, en cambio, podéis ser del todo incompatibles.

Desde que ese alguien pasa a formar parte de tu vida, se convierte en tu particular droga. Una droga que, como todas, te proporciona un placer momentáneo para luego llevarte a un bajón incontrolado. Una droga que es muy fácil de pillar y muy difícil de dejar. Y es que el amor, nos guste o no, es una droga, probablemente una de las más adictivas.

Siempre escuché que todas las historias de amor tienen un principio bonito, que lo malo, si llega, es al final. Yo, en cambio, puedo asegurar que las hay que ni siquiera tuvieron un buen comienzo y aunque hay quien dice que “comienzos difíciles, hacen finales felices”, también hay quien piensa que “lo que mal empieza, mal acaba”.

Si tienes una relación de esas que una buena amiga definió alguna vez como “tóxica”, verás cómo después de pasar el mayor tiempo de la relación entre discusiones y reconciliaciones, llega un momento en el que te das cuenta de que las primeras se mantienen y las segundas se distancian. Que pasáis más tiempo peleando que disfrutando. Que cada vez tienes menos interés en reconciliarte, y más en pelearte.

Es entonces cuando te empiezas a plantear cosas de ese alguien y descubres que lo quieres pero no lo aguantas, que si sale te molesta y si se queda también, que no te apetece que esté contigo pero tampoco con los demás, que aunque te fastidia que esté en tu vida, tú no quieres salir de la suya y que antes os hacíais el amor y ahora lo que os hacéis es daño. Mientras tanto, defenderás contigo mismo la idea de que ese alguien es muy bueno, y probablemente lo será porque una persona puede ser buena para todo el mundo. Para todos menos para ti.

Llega un día en el que te das cuenta de que tienes dos opciones: seguir con la historia esperando a que el otro tome una decisión definitiva o cortar de raíz. La primera es difícil. La segunda es muy dura. Como ocurre con toda droga que se precie, desengancharse no es fácil y sólo tienes una forma de dejarla. Del tirón. Al principio, te costará. Con el tiempo, compensará.

Cómo mi abuelo siempre decía: “Ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio. Contigo porque me matas. Sin ti porque yo me muero”

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Ángel Ludeña.

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