Queriendo quererte.

Todos hablamos de lo difícil que es enamorarse de alguien que no nos quiere. Todos nos lamentamos si los sentimientos de ese alguien no son los que nos gustaría que fuesen pero, ¿nunca os habéis querido enamorar de alguien y no habéis podido?

Puede que después de acabar con una relación, llegue un día en el que estés mal, hundido, triste. Un día en el que creas que, después de esa dolorosa ruptura que acabas de vivir, nunca podrás ser feliz de nuevo. Y, a veces, de forma inesperada aparece alguien que te hace ver las cosas con otros ojos, alguien que te demuestra que fuera de ese agujero en el que estás, el sol sigue saliendo cada mañana.

En silencio y casi de puntillas se va acercando a ti, a ti y a tu vida, una vida que, en ese momento, es de todo menos apetecible. Al principio le rechazas. No quieres ver a nadie, y es que por no querer, no quieres ni verte a ti mismo. Le cuesta, pero con paciencia y sin presiones, consigue que le dejes sentarse junto a ti para terminar haciéndose un hueco en tu vida.

Te escucha sin rechistar, sin opinar, sin molestar. Te ve llorar, sin parar, a todas horas y en cualquier parte. Te observa mientras te enfadas contigo mismo y con el mundo y sí es necesario, se enfada contigo. Te aguanta desprecios, impertinencias y continuas quejas y te da tiempo, el tiempo que necesitas para querer salir, y motivos, los motivos para abandonar ese agujero en el que te encuentras.

Poco a poco, sin que nadie se de cuenta, vas evolucionando. Un día lloras menos, haces un intento de sonreír o hablas de algo que no sea de ese alguien que tanto daño te ha hecho. Más tarde te apetece oír música y ver a tus amigos. Y llega el día, muy despacio pero siempre llega, el día en el que no lloras, el día en el que sonríes, el día en el que no hablas del daño que te han hecho porque ni siquiera te paras a pensarlo, el día en el que te das cuenta de que ese alguien que ha estado a tu lado todo este tiempo, es fundamental en tu vida.

Todo va bien, todo sigue su curso, todo lleva un buen ritmo hasta que ese alguien te dice algo que no estás preparado para escuchar. Hasta que ese alguien te dice cuáles son sus sentimientos hacia ti.

Te planteas miles de cosas, lo piensas detenidamente y te das cuenta de que ese alguien es perfecto, completamente perfecto. Cumple todos los requisitos que un día pediste, te trata genial, consigue que sonrías como nadie, logra que te diviertas sin parar, te cuida siempre que lo necesitas, te escucha mejor que cualquier persona y, lo más importante, te hace feliz.

Todo es perfecto menos una cosa, tú no sientes lo mismo que ese alguien siente por ti y descubres que donde ve la posibilidad de algo diferente, tú sólo ves una amistad irrompible. Te cuesta pero se lo dices. Su respuesta es clara: Tómate tu tiempo. El tiempo que necesitas para aclarar tus sentimientos.

No necesitas tiempo. No necesitas tiempo para ver algo que ya tienes visto, para aclarar sentimientos que tienes más que claros. Es difícil, injusto y completamente ilógico pero no, por mucho que quiera tu cabeza, es tu corazón quien manda, y es entonces cuando, después de enfadarte contigo mismo, te preguntas: ¿Por qué no podemos querer a quién nosotros queramos?

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Ángel Ludeña.

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