Noches de verano.

Siempre me encantó el verano. Desde que tengo uso de razón, ese par de meses de Junio a Septiembre siempre han sido mis favoritos y aunque muchos crean que cuando creces, el verano pierde interés, para mí no sólo no lo pierde, sino que además lo gana.

No sé si será el hecho de vivir en esa capital tan cerca de todo y tan alejada del mar, un mar que forma parte de mí, pero lo cierto es que cada vez disfruto más de esos pequeños grandes momentos que paso en ese sitio que un día llamé mi particular rincón del mundo. Los días de verano, me encantan. Las noches de verano son absolutamente imprescindibles. Amaral cantó a los “Días de Verano”. Yo escribo a sus noches.

Esas noches en las que el Sol se esconde tarde dejando paso a un cielo plagado de estrellas. La temperatura baja y ese calor sofocante que durante el día se resiste con baños interminables, va cediendo ante una brisa fresca de la que en más de una ocasión nos resguardamos bajo esas chaquetillas de punto que tanto bien hacen. Cenas tranquilo y despreocupado y, a veces, caminas por ese paseo marítimo que nunca cambia. A la vuelta es cuando empieza eso que todos los veranos que se repite. Eso sin lo que un verano, no sería verano. Una terraza a la que vuelven los de siempre y se recuerdan a los ausentes. Una terraza en la que se habla sin parar, de todo y de nada, de él y de ella, de ti, de mí y, a veces, de ninguno. Una terraza en la que hay cigarros que nunca se apagan. Cervezas que no acaban. Pipas que se comen sin parar. Cotilleos que no cesan. Informaciones que nunca lo fueron. Risas incontrolables. Llantos tranquilos. Verdaderas muchas. Mentiras pocas. Sonrisas suficientes. Miles de sonrisas.

Una terraza en la que arreglamos el mundo y lo volvemos a desmontar. Una terraza a la que se vuelve después de un día sin los pies en la tierra, con los pies en el mar, en ese barco que nunca para de navegar. Una terraza en la que se habla de amor, y nunca de guerra, en la que se crean historias pero jamás se destruyen, en la que siempre se celebra lo importante y lo absurdo, porque el caso es celebrar. Una terraza en la que somos felices porque somos nosotros, los de siempre, los de verdad.

Una terraza en la que me he dado cuenta de que el tiempo no destruye las cosas, sólo las cambia. Porque los que antes hablábamos de un niño que miraba a una niña, ahora hablamos de una relación que se mantiene, una ruptura que aún duele o una historia que está por empezar, pero hablar, hablamos de lo mismo. En su día hablábamos de sentimientos, ahora lo seguimos haciendo. Porque antes teníamos enemistades, las mismas que aún continúan, las mismas que se mantienen, las mismas que todavía seguimos comentando. Porque estamos los mismos de siempre y algunos más, porque los que estaban antes y ya no están son recordados de forma que siguen con nosotros, ocupando el mismo lugar que tenían entonces, el lugar que siempre les corresponderá. Porque alargamos las noches hasta el infinito, queriendo agarrarlas y que nunca se acaben, como antes también hacíamos. Porque siempre fueron noches de verano con mañanas tardías. Porque a día de hoy lo siguen siendo.

Las noches de verano son especiales. Que se repitan cada año, absolutamente imprescindible.

¡Hazte fan en Facebook o sígueme en Twitter

Ángel Ludeña.

Anuncios

Dime lo que quieras, pero dime algo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: