Alba.

Muchos escuchan “alba” y  piensan en el amanecer. Yo escucho Alba y pienso en ella.

Siempre oí que existían primos segundos y primos hermanos, para mí, en cambio, mi prima Alba no está dentro de ninguna de estas categorías, porque tiene la suya propia, la que se ha ido ganando desde que llegó a este mundo, un mundo que sin ella sería mucho peor.

No levantábamos dos palmos del suelo cuando ya íbamos a todos sitios juntos. No había columpio que se resistiera a nuestros encantos, nadie conseguía separarnos ni había estación del año que pudiese alejarnos. Invierno, verano, otoño y primavera, daba igual donde fuésemos porque siempre estábamos los dos. El tiempo pasaba y nosotros crecíamos pero había cosas que nunca cambiaban. Alba no cambiaba. Yo, tampoco.

Somos los que más lloramos, pero también los que más reímos. Los que más enemigos tienen y los que mejores amigos logran. Los que más nos equivocamos y los que más aprendemos. Siempre nos la jugamos aunque no siempre ganamos. Vivimos las cosas de verdad. Metemos la pata a lo grande. Hablamos de todo el mundo, y todo el mundo habla de nosotros. Mucha gente nos conoce, aunque pocos de verdad. No somos fáciles de enamorar pero mucho menos de olvidar. Jugamos con el mundo y el mundo juega con nosotros. Tomamos miles de decisiones, con muchos errores y grandes aciertos. Aparentemente siempre perfectos,  en el fondo, los más imperfectos. Los peores momentos los sufrimos juntos. Los mejores también. Nos contamos todo sin ocultarnos nada. Nos caemos cien veces, las mismas que nos levantamos pero siempre de la mano, siempre los dos al lado. Son muchos los que nos odian pero son más los que nos quieren.

Dicen que la distancia hace el olvido y que el tiempo lo enfría todo, pero ni los cientos de kilómetros que nos separan ni los meses que podemos pasar sin vernos, han conseguido alejarnos, distanciarnos o separarnos.

Porque no hace falta hablar todos los días para saber que estamos, porque ella siempre está para mí, porque yo siempre estaré para ella, para ayudarnos, para reír, llorar, criticar, hablar de todo o de nada, hacernos millones de fotos, bebernos hasta el agua de los floreros, bañarnos en un sitio cualquiera, pelearnos con quien haga falta, defender historias que ni siquiera nosotros nos creemos,  buscar esperanzas donde no las haya, irnos donde el mundo nos mande y equivocarnos, pero siempre, a lo grande, pero siempre juntos.

No sé si será porque cada vez que pienso en ella, todo son buenos recuerdos o porque hemos vivido tantas cosas juntos que es completamente imposible acordarnos de todo, pero lo que tengo claro es que, aunque parezca imposible, cada vez la quiero más y cada vez me doy más cuenta de lo importante que es en mi vida, una vida en la que quiero seguir teniéndola siempre conmigo.

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Ángel Ludeña.

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