De sumas y restas.

Siempre es fácil sumar amigos. Demasiado complicado tener que restarlos.

Nunca tuve exceso de ellos pero los que lo fueron siempre creí que lo serían para siempre. Ahora, después de un tiempo, he visto como alguien que fue indispensable en mi vida, ya no tiene hueco en ella. No sé porque me lo planteo ahora, ni tan siquiera si es justo para ambos remover esto, pero supongo que es porque me he dado cuenta de que ya es tarde para luchar por una amistad que siempre consideramos a prueba de balas, por una amistad que a día de hoy aun da los últimos coletazos, los que la llevarán irremediablemente a un final, justo o no, pero un final al fin y al cabo.

Después de un tiempo, me he dado cuenta de que lo que fue una amistad irrompible ahora no es más que el resultado de sumas y restas. Siempre que la necesité estuvo, siempre hasta ahora, cuando la he necesitado y no ha estado, cuando me ha necesitado y no me he molestado ni tan siquiera en saberlo. Antes podíamos pasar horas hablando y ahora los silencios ocupan cada llamada, cada encuentro, cada mínimo contacto entre nosotros. No le cuento nada porque no me sale, porque no me apetece o porque simplemente no sé porqué. He compartido con ella absolutamente todo, a veces incluso me pregunto si tal vez no compartí demasiado, pero no, porque antes con ella nunca era demasiado. Nos enfrentamos a más momentos difíciles de los que estábamos preparados para afrontar pero pudimos con ellos porque juntos podíamos con todo y porque por separado me costó entender que también podría con algo.

Para muchos fuimos inseparables, muchos nunca creían que algún día nosotros iríamos por caminos diferentes, y es que nosotros tampoco lo creímos, o puede que nunca quisiéramos creerlo. Descubrimos la vida juntos, lloramos más de lo que podremos recordar, reímos tanto que sería difícil de olvidar, conocimos mucha gente, en ocasiones demasiada, estuvimos juntos en los mejores momentos, y también en los peores, nos contamos secretos que ya no lo son, disfrutamos y sufrimos a partes iguales y compartimos, compartimos todo, tal vez por eso ahora sea tan difícil ver que ya no compartimos nada.

Se puede culpar a la distancia, a que yo he cambiado o a que tal vez, ella también, incluso podemos pedirle explicaciones a la vida y preguntarle por qué nos hace esto, por qué a nosotros después de todo lo que hemos pasado. Podemos buscar culpables, buscarlos para darnos cuenta que ni eso ya lo hacemos juntos.

Nunca me gustó despedirme y no será ahora cuando lo haga pero desde hace algún tiempo tengo claro que prefiero quedarme con recuerdos felices antes que seguir alargando algo que antes llamamos amistad y que yo ahora ni sé cómo nombrar.

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Ángel Ludeña.

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