Dime quién eres.

Durante un tiempo tuve claro que te conocía a la perfección. Ahora me he dado cuenta de que no sólo no te conozco si no que ya ni tan siquiera sé quien eres.

Te miro y te veo. Verte te veo. Veo tu cara, tu pelo, tus ojos, tu boca, veo todo eso pero no te veo a ti, no veo a quién yo, en su momento, conocí.

Me enamoré de ti, o al menos eso creo. Hay quien dice que no, que fuiste un capricho adolescente, que formaste parte de un juego, que fuiste el premio de una guerra, de una guerra mía y de los míos porque en ella estuve yo, estuviste tú y estuvieron ELLAS. Entré en una batalla que yo mismo declaré. Peleé por ti por ese tú al que yo conocía, al que yo creía, y a quien ni tan siquiera veía. Me caí miles de veces, pero me levanté mil y una, las mismas mil y una que me hubiese seguido levantando por una posibilidad más porque, tal y como un día te dije, tan solo necesitaba un gesto, una mirada o cualquier palabra para saber que tú querías que lo hiciera, que tú querías que yo luchase por recuperar algo que nunca supimos qué era. Llámalo amor. Llámalo sexo. Tal vez obsesión, aburrimiento o entretenimiento. Quien sabe. Ahora ya ni tan siquiera necesito saberlo o tal vez, lo que no quiera sea descubrirlo. Descubrir la verdad, esa verdad tan ausente en ti, esa verdad que creo que ya no me duele, aunque prefiera no comprobarlo.

Te eché de menos y ahora, casi siempre de más porque me he dado cuenta de que a quien echo de menos no existe, o puede que tal vez nunca existiera, porque tú ya no eres tú, no el tú del que aún me acuerdo. Me equivoqué miles de veces y recuerdo cada uno de esos errores. Tú también te equivocaste pero eso ya ni me lo planteo porque si en su momento busqué disculpas no será ahora cuando busque reproches. Me perdonaste más cosas de las que me perdoné yo mismo. En cuanto a ti, te lo perdoné todo, todo menos una cosa, que permitieras, que consintieras, que dejaras que me enamorara de ti, que me enamorara de alguien que nunca se enamoraría de mí, que me enamorara de alguien que nunca nada sintió por mi.

Me odié a mi mismo, odie a todos, a todos menos a ti. Asumí mi derrota en esa batalla pero nunca en la guerra, nunca hasta que me di cuenta de que aun con mi ejército preparado, aun con ELLAS listas para continuar peleando, no tenía fuerzas para seguir, para seguir luchando por ti cuando tú ya no querías que lo hiciera. No es justo que te recuerde. No es justo para mí. No es justo para quiénes vengan detrás de ti.

Después de un tiempo, tal vez demasiado, me he dado cuenta de que ya no siento nada, nada por quien eres ahora, porque puede que aún esté enamorado, pero no de ti, sino de tu recuerdo, del que recuerdo que aún tengo, del que quiero que se quede conmigo porque antes te miraba y el mundo se paraba y porque ahora te miro y me pregunto que hice una vez contigo.

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Ángel Ludeña.

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5 pensamientos en “Dime quién eres.

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