Decepciona(dos).

Tal vez os conocimos demasiado pronto, o puede que quizá demasiado tarde, como en todo habrá opiniones diversas. Al principio, creímos que fue un error conoceros tan tarde, después, que el error fue conoceros tan pronto. Ahora lo tenemos mucho más claro, no hubo más error que el hecho de conoceros y dejar que formaseis parte de nuestra vida.

Nunca nos gustó lo fácil tal vez por eso, desde el principio, buscamos complicaciones. Teníamos millones de asientos libres, miles disponibles pero no, fuimos los reservados, a esos asientos con cartel de ocupado sin preguntarnos ni tan siquiera si alguien reclamaría sus derechos.

Decidimos disfrutar, disfrutar del momento, sin preocuparnos por el ayer ni mucho menos por el mañana. Nos entregamos sin reservas, nos entregamos en alma, y por supuesto en cuerpo, porque no había mejor formar de comunicarnos con vosotros que con un buen cuerpo a cuerpo. Tocamos el cielo y dejamos de pisar el suelo, dejamos de poner los pies en la tierra. Podíamos con todo y con todos. Nosotros éramos nosotros, vosotros erais vosotros y lo nuestro era cada vez más vuestro.

Promesas que se rompieron, o que nunca lo fueron. Un daño que se superaba así mismo, incluso cuando parecía del todo insuperable. Montones de mentiras a las que buscamos justificaciones. Ojos cerrados sin necesidad de  estar vendados. Ilusiones que se rompían al mismo tiempo que nacían. Lágrimas que se convirtieron en  testigos de excepción de sufrimientos mezclados con ron. Soledades cargadas de compañías. Dos corazones, los nuestros, tirados y pisados y otros dos, los vuestros, perfectamente cuidados.

Teníamos altos, teníamos bajos, y dos relaciones basadas en altibajos, quizá en más bajos que altos. Teníamos mucho para hablar y demasiado que callar, y es que tener teníamos muchas cosas, muchas menos una, memoria. Memoria para recordar que los asientos donde en su momento nos sentamos, ya estaban ocupados y que igual que nosotros no respetamos cartel alguno, podían venir otros siguiendo nuestros pasos.

No fue vuestra culpa porque la culpa fue solo nuestra. Nuestra por esperar algo que, tal y como sabíamos, nunca llegaría. Nuestra por confiar en quien que sabíamos que fallaría. Nuestra por querer a alguien que nunca nos correspondería y que tarde o temprano nos decepcionaría.

Por esto, después de todo, no os odiamos. Es más, ni tan siquiera os reprochamos porque, por no estar, no estamos ni enfadados, y es que lo que estamos, no es más que decepcionados.

*Siempre escribo solo. Siempre hasta hoy, que he escrito con ella. Con una amiga con la que he compartido mucho, lo suficiente como para poder compartir también una entrada, una entrada que no es sólo mía porque es también de ella.

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Ángel Ludeña / Alicia Pedreño.

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