Devuélveme mi tiempo.

Cuando una relación empieza son muchas las cosas que se ganan. Cuando una relación se acaba son demasiadas las que se pierden.

Después de algún que otro inicio, y sí, también algún que otro final, me he planteado si compensa, si interesa o incluso si a la larga, no te pesa, dar todo en una relación, dar quizá demasiado. Todas las relaciones empiezan dando. Das dos besos al conocer a ese alguien, das tu teléfono, das una primera cita, das un primer beso, das tu cama, das tu casa y poco a poco, das tu vida.

Das todo eso y mucho más, das todo eso sin pedir nada a cambio, a pesar de que en la mayoría de casos, recibes muchas otras cosas. No lo haces por eso, tampoco te lo planteas porque si tienes delante a alguien especial, a alguien que te hace sentir de verdad, no hay nada que te pueda importar más.

A pesar de eso, toda relación no es más que un intercambio. Un intercambio de sentimientos, de emociones, de besos y de pasiones. Es imposible equilibrar la balanza, es imposible dar exactamente lo mismo que recibes pero tienes que intentarlo y quizá algún día lograrlo. Si hay una norma inquebrantable en este particular intercambio, al que muchos llaman relación, es que nunca podrás pedir lo que en su momento diste. Parece lógico, y lo es, pero como ocurre con toda norma que se precie, no todos la cumplen.

Llega un día en el que, te lo esperes o no, esa relación en la que tanto diste, y en la que seguro que también recibiste, se rompe y con ella, su intercambio. Se distancian cada una de las partes, partes que como resultado de ese intercambio se quedan con ganancias pero también, con pérdidas. Lo asumes, intentas no darle muchas veces y evitas sopesar si ha compensado haber dado tanto a alguien que te dio tan poco. Es absurdo, no consigues nada lamentándote de haber perdido cosas que ya no puedes recuperar y es que las cosas más importantes, cuando se dan nunca se vuelven a encontrar. No puedes recuperar los besos que diste, los momentos que regalaste, las risas que le echaste, los consejos que nunca le vendiste y las palabras que le dedicaste. Es entonces cuando ocurre algo que te sorprende aún más cuando parecía imposible. Es entonces cuando ese alguien aparece de repente pidiendo cosas que dio y que tú nunca le pediste. Te sorprendes, pero lo haces más todavía cuando descubres que no te pide que le devuelvas todo aquello que tú también crees que perdiste, que no te pide los besos, los momentos, las risas, los consejos y las palabras que te dio, sino esas cosas en las que tú ni habías pensado, esas cosas que te regaló o que, simplemente, allí dejó, cosas que en su día tuvieron puesta una etiqueta que marcaba un precio, un precio que como las cosas menos importantes de la vida, se pagaba con dinero.

Te parece completamente surrealista pero lo piensas, te lo planteas e incluso, a ratos, tomas la decisión de darle lo que pidió. Hay quien lo devuelve, hay quien se lo queda y hay quien simplemente espera. Yo siempre fui de los últimos, de los que decidí esperar tras tener claro lo que quería recuperar.

Una vez acabado aquel intercambio, una vez todo está terminado, te propongo un último trato: te devuelvo todo lo que me diste a cambio de una sola cosa, a cambio de que me devuelvas lo único que de verdad perdí, lo único que aún no he logrado recuperar: “Toma tus cosas, pero antes, devuélveme mi tiempo”.

¡Hazte fan en Facebook o sígueme en Twitter!

Ángel Ludeña.

Anuncios

Dime lo que quieras, pero dime algo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: