Enemigos.

Durante mucho tiempo tuve enemigos. Tuve más de los que probablemente estaba preparado para afrontar.

No recuerdo quién fue el primero de ellos, pero sí que son muchos los que lo fueron. Siempre me pareció normal, lógico e incluso, en ocasiones, interesante tener alguien a quien odiar, tener a alguien que te odie.

No levantaba dos palmos del suelo cuando ya tenía a más de uno enfilado, cuando a buen seguro, también a mí había quien me tenía bien fichado. Me pasaba la mitad del tiempo hablando con mis amigos, la otra mitad, hablando de mis enemigos. Primero fueron en clase, luego en la playa, y más tarde, a lo largo de mi vida. No eran muchos pero siempre fueron suficientes, suficientes para mantenerme alerta, para lograr incomodarme allá donde estuvieran, para conseguir que les prestara más atención de la que debiera. Al principio tenía su gracia, cuando no era más que una pelea absurda entre dos niños, podía resultar incluso divertido tener a alguien a quien enfrentarse. Como es habitual con esa edad, mi opinión se modificaba como el viento, un día para allí, otro para allá hasta que al final, ocurrió, hasta que quien había sido mi enemigo más odiado, se convirtió en uno de mis amigos más valorados.

El tiempo fue pasando y los enemigos, cambiando. Cuando no era un compañero de clase al que detestaba, era ese de la playa que tanto me molestaba. Fui creciendo y la vida me fue enseñando una lección que creí aprendida y que quizá muy pronto, también olvidaría. Dejé a los enemigos atrás. No recordaba a ninguno de ellos y no me importaba. Decidí que era momento de rodearme de la gente a la que de verdad apreciaba, los que también a mí me valoraban. Era una norma que me puse yo mismo, una norma que como toda que se precie no tardé demasiado en romper.

Cuando todo estaba tranquilo, de repente, a mi vida se sumó alguien diferente, alguien especial, alguien que trajo consigo a otra persona, otra persona que se convirtió en un nuevo enemigo, un nuevo enemigo en una de mis guerras más difíciles. Lo conocía poco pero lo suficiente para odiarlo, lo suficiente para odiar a alguien que a mí también me odiaba, aunque si tenía motivos o no era algo que poco me importaba. Se convirtió en el centro de todas mis críticas, de cualquier ataque, se convirtió en el culpable de todos y cada uno de mis problemas. Era lo más fácil, era realmente sencillo. No quería ver la realidad, no quería preguntarme ni tan siquiera, si mi enemigo era quien debía serlo de verdad, hasta que ocurrió algo que lo cambio todo, hasta que alguien me dijo algo que me hizo reflexionar, y es que ese alguien que ya está completamente fuera de mi vida, aún tiempo después me tenía cosas que enseñar, cosas que probablemente ni tan siquiera ese alguien ha aprendido.

Recuerdo a la perfección aquella frase. Recuerdo nítidamente cómo ocurrió. Me miró y lo dijo, me miró y lo preguntó: ¿te das cuenta de que te pasas la vida buscando culpables?. Mi respuesta fue sin pensar, cómo se dicen las cosas de verdad: “busco culpables para no culparte a ti”. Fue ahí cuando me di cuenta, fue ahí cuando solté lo que mil veces antes negué. Lo pasé mal, realmente mal. Asumir la realidad, una que no te gusta, es una tarea demasiado complicada. Me costó pero lo entendí, me costó pero finalmente lo comprendí.

Dicen que del amor al odio hay un paso y aunque nunca me gustaron los dichos, tengo muy claro que amar y odiar tiene una similitud fundamental, la de llevar los sentimientos al extremo, y la gente que me odia si hay algo que no merece son mis sentimientos y mucho menos aún si son éstos llevados al límite. Odiar no es más que una forma de sentir, probablemente una de las más fuertes, y es que odiar supone pensar, pensar en alguien que no se lo merece, y es que odiar lleva su tiempo, un tiempo que siempre será de más si es dedicado a una persona que en tu vida es de menos.

Por eso lo tengo claro. Ya no odio a nadie porque prefiero querer más a la gente que me importa y a la que me importará, a la gente que me acompaña y a la que me acompañará, a esa gente a la que me gustaría dedicarles mi tiempo, mis pensamientos y todos y cada uno de mis mejores sentimientos.

¡Hazte fan en Facebook o sígueme en Twitter!

Ángel Ludeña.

Anuncios

Dime lo que quieras, pero dime algo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: