Mi vida es mía.

Mi vida, al igual que la vuestra, está plagada de decisiones que no son mías, de decisiones que tampoco son vuestras.

Es algo inevitable, no se puede cambiar porque, queramos o no, son muchas las cosas que ni elegimos, ni decidimos. En cambio, la continuación de cada una de ellas, puede ser elegida sólo por mí, puede ser elegida sólo por vosotros.

No decidí cuando empezar a vivir, pero sí la forma de hacerlo, los motivos por los que levantarme cada día, las ilusiones que me ayudan a seguir siempre adelante, las alegrías que me hacen sentir mejor, las penas con las que lo paso peor y los acontecimientos en los que me veo en cada momento. No decidí el lugar que me vio nacer pero sí el que me verá crecer, la ciudad que recorro cada día, tan deprisa a veces, tan despacio otras tantas, los bares en los que entro de una forma y los que abandono de otra, las discotecas en las que bailo sin parar, en las que tanto me dejo llevar, la facultad que apenas piso o en la que siempre estoy, los rincones que son de todos y también un poco míos, el césped en el que tantas veces me he tumbado, en el que tantas cosas he escuchado, en el que quizá escuché demasiadas.

No decidí quiénes formaron parte de mi vida en su momento pero sí con quiénes quiero compartirla ahora, con quienes quiero seguir compartiéndola, a quienes quiero ver y que me vean, oír y que me oigan, abrazar y que me abracen, con quiénes me quiero reír sin parar, llorar una y otra vez, discutir cientos de veces, y reconciliarme mil y una más.

No decidí de quien enamorarme, pero sí quien deshacía mi cama, quien la deshacía una primera vez y quienes la deshicieron otras tantas, pero sí a quien di el primer beso, y a quienes los siguientes, a quien regalé mi sonrisa y a quien oculté mis lágrimas, con quien lo compartí todo para acabar sin nada, por quién me la jugué aún sabiendo que iba a perder, por quien perdí y nunca me arrepentí. No decidí cuando acabar, ni tan siquiera cómo hacerlo, pero fui yo quien elegí a quien no recuperar, en quien no quería pensar más.

No decidí quién fui pero si quién quiero ser, cómo me quiero comportar, que quiero aprender, qué mostrar y qué no quiero ocultar, quiero ser yo, esta vez sí, de verdad, el yo que muchos ya conocen, el que otros tanto tienen pendiente conocer, al que muchos quieren y al que supongo que otros también odian. El que se equivoca miles de veces y dice que aprende para volver a equivocarse, el que se cae una y otra vez para levantarse una vez más, el que odia la cafeína y adora el ron, el que comparte todo o quizá nada, depende de con quién, el que ve poco a su familia para echarlos siempre de menos, el que lo deja todo para el último día, el que se ríe de muchos pero sobre todo de sí mismo, el que tanto las quiere a ELLAS. El que conoce a todos pero de verdad a muy pocos, al que todos creen conocer y al que pocos en realidad saben ver, el que adora trasnochar y odia madrugar, el que parece que puede con todo aun cuando no puede con nada, el que se enfada y desenfada en un tiempo récord, el que habla más de lo que quiere y calla tanto como debe, el que empieza a llorar para acabar riendo, el que siempre está malo pero no para un momento, el que se mete en más líos de los que puede asumir, el que inicia guerras sin tener motivo, al que le sobran los motivos. El que nunca se enamora hasta que un día lo hace, el que besa de verdad, porque no le sale hacerlo de mentira, el que sabe ponerse la sonrisa cuando toca, aunque ganas tenga pocas, el que aun rodeado de gente, piensa sólo en alguien, el que se puede acostar con 100 y olvidar de un tirón, al que le robó el corazón cualquiera del montón. El que se niega a ser el primero en hablar pero luego no logra callar, el que se arrepiente de haber dicho muchas cosas, de haber callado demasiadas, el que aparenta no tener vergüenza aunque esté más que presente en su cabeza, el que se queda antes con una sonrisa que con un millón de lágrimas, el que pisa más la calle que su casa porque de la calle hace su casa, el que es tan imperfecto y al que tanto le gusta serlo.

Mi vida es mía y soy yo quien decido el qué, el cómo y el cuando de las cosas que me importan. Soy yo quien elige donde y con quien, a nadie más le importa. Soy yo quien puede que busqué los porqués a lo que hago, o quien, quizá prefiera olvidarlos, pasarlos y puede que ya nunca recordarlos, porque si hay alguien que toda la razón tenía, es aquel que dijo: “mi vida es mía”.

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Ángel Ludeña.

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4 pensamientos en “Mi vida es mía.

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