Música.

Toda mi vida he estado rodeado de música.

La mitad de mi familia se dedican profesionalmente a ella, la otra mitad se encargan de disfrutarla. Yo soy de los segundos. Aunque siempre me gustó, desde hace algún tiempo me he dado cuenta de que no puedo vivir sin ella. Son muchas las veces en las que se convierte en lo primero que oigo al levantarme, otras tantas, en lo último que escucho al acostarme.

Todos tenemos claro que necesitamos comer, beber, respirar y dormir para vivir, para mí la música es uno más de estos requisitos indispensables. No tengo cantantes favoritos, grupos preferidos ni estilo definido, porque yo siempre he dicho que no me gusta quien lo canta sino lo que canta. Me puede enganchar igual una canción de La Oreja de Van Gogh que de Supersubmarina, emocionarme lo mismo con Efecto Mariposa que con cualquiera de Miss Caffeina, nunca tuve un gusto muy claro, no es cuestión de negarlo.

Me gusta poner bandas sonoras a todo y se que no soy el único. Cada uno de los momentos más importantes de mi vida, está retratado en una canción, cada persona importante en ella, tiene la suya propia. A veces me basta con escuchar el inicio de una de ellas para transportarme a otro tiempo, a otro lugar, para acercarme a esas personas que tanto echo de menos. Desde bien pequeño la música tuvo presencia en mi casa. Mi padre toca la guitarra, mi madre, también, ambos, a veces, cantan, siempre en ocasiones especiales, en las que nunca puede faltar esa canción llamada “Al alba”, esa que aún después de miles de veces, nos sigue emocionando a todos. En la familia de mi padre todos son músicos, pero músicos de los de verdad de los que tienen público y hacen de la música una forma de vida. En la de mi madre, estaba mi abuelo Pedro que cantaba copla y mi abuela Agustina que también, por eso es oír “La bien pagá” o “María de la O” y acordarme de ellos y sentirlos de nuevo tan cerca como siempre. Mi hermana toca el piano, y ahora parece que lo intenta con el ukelele y mi prima Alba, aunque se niegue, siempre termina entonando esa canción que a todos nos emociona. Yo, por mi parte, no sé tocar ningún instrumento aunque cantar, sí que canto, en la ducha, en el coche, y donde toque, a pesar de que lo más recomendable es no tener la oportunidad de escucharme.

Para no desentonar, una de mis mejores amigas, Sara, se puede pasar horas y horas tocando la guitarra, el piano y cantando, cantando esas canciones que le pido una y otra vez, esas que, a veces, han salido directamente de ella. Mi amiga Lorena Castell triunfó con su grupo Lorena C, mi querida amiga Amor cada vez canta mejor y mis amigos los Sin Frenos nos dan conciertos privados mientras esperan su gran oportunidad, una que antes o después, les llegará.

Si estoy triste, oigo música, si estoy contento, también, si estoy enamorado, no paro de escucharla, y si me han dejado, dejo todo menos la música y es que el amor, no es lo mismo sin música. Cuando me enamoré me bastaron cuatro acordes y dos estrofas, es más, todavía a quien dice que fue de eso de lo que me enamoré, de lo que cantaba, de lo que tocaba, y no de quien lo hacía y es que no puedo negar que, al menos en mi caso, a veces me basta con escuchar tres notas, para dar un gran paso por eso sé que cuando me vuelva a enamorar será de alguien que ya esté enamorado, que esté enamorado de la música.Me gusta la gente que quiere a la música, me gusta la gente a la que la música la quiere, porque para disfrutar de ella o con ella, hay que ser un poco como ella: clara, directa, emotiva, tranquila, nerviosa, con ritmo, pausada pero siempre adecuada.

Haga lo que haga, termino rodeado de música, porque lo busco, porque me gusta y porque cada vez más aprendo a disfrutar de ella, porque me saca una sonrisa cuando parece que no la encuentro, porque me arranca esas lágrimas que tienen que salir, porque me acompaña cuando me siento solo y cuando estoy en compañía, porque viaja conmigo en coche, bailamos juntos en la discoteca, cantamos a dúo en la ducha y gritamos sin parar en los conciertos, porque me trae los buenos recuerdos, me acerca a quiénes están lejos, porque me salvó de mis peores momentos, porque me acompañó en los mejores y porque quiero que me siga acompañando en todos y cada uno de ellos. Porque una vida no sería lo mismo sin tener banda sonora.

(PD: Esta entrada está dedicada especialmente a mi padre, un enamorado de la música que aunque intente ocultarlo, sé que hoy cumple años)

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Ángel Ludeña.

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