Caminos.

A lo largo de nuestra vida son muchos los objetivos que nos proponemos, las metas que queremos lograr y los lugares a los que nos gustaría llegar.

Nos pasamos demasiado tiempo esperando para cumplir ese fin que tanto deseamos, esos deseos que tanto ansiamos. En definitiva, nos pasamos prácticamente toda la vida esperando a ser felices, pero esperando al fin y al cabo y es que, queramos o no, la vida está llena de esperas.

Cuando somos pequeños queremos ser mayores para poder hacer todo aquello que no nos dejan, cuando estudiamos lo hacemos con el objetivo de convertirnos en alguien de provecho. Cuando trabajamos buscamos ascender y llegar a ese puesto que una vez nos propusimos, cuando no, encontrar ese trabajo que parece estar tan escondido. Cuando nos enamoramos hacemos miles de planes en un futuro tal vez demasiado lejano, cuando nos dejan, esperamos superar esa ruptura que tanto daño nos hace. Cuando planeamos una gran fiesta, pasamos semanas organizándola, cuando fijamos un viaje, meses preparándolo. Cuando tenemos algo importante qué decir, esperamos el momento perfecto, cuando queremos preguntar eso que siempre quisimos saber, que sean ellos quiénes lo pregunten primero. Cuando queremos dar un beso de verdad, esperamos que se adelanten, cuando queremos acabar con esa difícil historia, que sea elección de la otra parte. Cuando es invierno, esperamos desesperadamente que llegue el verano, cuando el calor acecha, que vuelva el frío. Cuando empieza curso, contamos los minutos para que regresen las vacaciones, cuando estamos mitad de éstas llegan las ganas de volver a lo de siempre. Cuando queremos ver a esos que están tan lejos esperamos que llegue el momento de reencontrarnos, cuando ya no existe esa opción, poder algún día superarlo. Cuando tenemos razón esperamos que nos la den, cuando cometemos errores, no volver a equivocarnos.

Aunque nunca me gustó utilizar esas frases que se repiten hasta la saciedad en alguna que otra red social, debo reconocer que hay una que no es más que una verdad sin miramientos, sin pretensiones y con millones de razones y es que tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que va sucediendo mientras tú estás demasiado ocupado haciendo otros planes”. Por esto, os hago una propuesta, ¿por qué no dejamos de esperar y empezamos a disfrutar?

Que los pequeños descubran la ventaja de no tener responsabilidades que ya habrá tiempo de que les lleguen, que disfruten de temer a la mala de los cuentos antes de conocer a las de la vida, que cuando estudiemos disfrutemos de ir a clase, de las horas tiradas en la facultad entre millones de risas e historias de amor inacabadas. Que cuando empecemos a trabajar lo hagamos aprendiendo de los que más saben y disfrutando de lo fácil que resulta aprender que ya habrá tiempo de descubrir lo difícil que resulta enseñar , que cuando no trabajemos, disfrutemos del tiempo libre, de decirle al despertador que no le toca sonar que ya llegarán los días en los que la alarma se tenga que recuperar. Que cuando nos enamoremos nos quedemos con las sonrisas tontas, las cosquillas en el estómago, la pasión momentánea que si la historia tiene que funcionar, ya habrá tiempo de planear, que cuando nos dejen lo aprovechemos para reflexionar y sacar lo bueno, aunque a veces cueste encontrarlo. Que cuando tengamos que organizar una fiesta, disfrutemos de sus preparativos, de las ganas de que todo salga genial, de avisar a todos de la hora y el lugar, que cuando nos toque viajar, nos quedemos con el tiempo de buscar y las cenas con amigos para planear ese viaje que está por llegar. Que cuando tengamos algo importante que decir, lo digamos, sin vueltas ni revueltas, como se dicen las cosas de verdad, sin mucho pensar, que cuando queramos preguntar lo hagamos del tirón, antes de que sea otro quien logre esa respuesta que nosotros estábamos tanto tiempo esperando. Que cuando queramos dar un beso de verdad, lo hagamos sin reflexionar en cualquier momento o lugar, que cuando toque acabar, sea antes de que el daño siga creciendo y  a su vez doliendo. Que cuando sea invierno disfrutemos de la nieve, las mantas de sofá y el abrigo polar, que cuando llegue el verano no dejemos atrás esos baños interminables acompañados de horas bajo el sol. Que cuando estemos a mitad de curso nos quedemos con las risas, los momentos, los cafés a media mañana y las fiestas a las tantas de la noche, que cuando lleguen las vacaciones, disfrutemos del mayor placer que existe, el de no hacer absolutamente nada. Que cuando queramos ver a quienes tenemos lejos, no nos lo pensemos mucho para presentarnos para abrazarlos y tocarlos aunque sea poco tiempo, porque será tiempo al fin y al cabo, que cuando ya no estén para verlos, aprendamos a quedarnos con sus recuerdos. Que cuando tengamos razón no necesitemos que nos la den y disfrutemos del placer del saber y que cuando nos equivoquemos sea siempre a lo grande.

Nos pasamos mucho tiempo esperando y poco disfrutando y yo ahora he descubierto que aunque la vida a ratos nos parezca muy larga, lo más importante es que nos pille con ganas de caminar porque como dijo Antonio Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar” y a mí ya no me importan cuáles sean los destinos, prefiero quedarme con lo bueno que tienen los caminos.

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Ángel Ludeña.

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