Buscando el amor en el abecedario.

De pequeños pasamos horas y horas aprendiéndonos el abecedario.

Considerado como “la serie de letras que forman parte de un idioma” es, junto a las tablas de multiplicar, una de esas cosas que primero aprendemos y que, mejor o peor, nunca olvidaremos. Desde hace algún tiempo, he descubierto que todo lo que necesito en mi vida está en el abecedario, en ese conjunto de iniciales indispensables para mí.

Necesito una A de amistad, de alegría y de un poquito de amor, una B de besos interminables, de bailes improvisados, de bocas siempre en contacto, una C de cigarros ajenos, de casas en las que me hacen un sitio, de canciones sin importancia, una D de dinero que gastar, de días que me gustaría guardar, una E de enamorarme de nuevo, de entendimientos a los que terminamos llegando, de ELLAS,  una F de favores que me encanta hacer, de esa felicidad que siempre buscamos, de esas fiestas que nunca acabaron, una G de esas golosinas que aún nos gusta comer, de ese gusto que muchas veces falla, de gritar de alegría, una H de hazañas que todos recuerdan, de horas que pasan volando, de mi hermana, una I de ilusiones que quiero seguir teniendo, de esa ironía que tanto me gusta y una J de, no, esa letra ya no está mi abecedario.

Necesito una Ñ de las ñoñerías que nos siguen encantando, una K de kilómetros que nos quedan por recorrer, una L de libros por leer, de líos en los que meterme, una M de mamá que siempre está, de magia en la que todavía creer, de momentos que nunca olvidaré, una N de noviazgos que me gustaría tener, de esos nunca que nadie se cree, una O de ocasiones que no perderé, de oportunidades que siempre aparecerán, de olores que me siguen alegrando, una P de papá, de primos con los que seguir riendo, de polvos que recordar, una Q de querer sin límites, una R de risas que seguiré teniendo, de ropa que me pondré, de recuerdos que conmigo estarán, una S de sexo desenfrenado, de silencios que hablan solos, de seguir caminando juntos, una T de tonterías que conseguirán que riamos, de tirarse a la piscina, de tocar esa canción que me encanta escuchar, una U de estar siempre unidos, una V de valentía para los momentos difíciles, de victorias compartidas, de vidas que te traen la alegría, una W de esas cinco que aprendí en Periodismo, una X de esas incógnitas que nos ponen en la vida, una Y de ese ya al que siempre recurrimos, de esos yonkis a los que les buscamos su corazoncito y una Z de ese zapping diario, de esos zapatos que nunca nos quitamos, de esas zonas que siempre visitamos.

Me gusta el abecedario, me gustan las letras y es que debo reconocer que soy de esos que aún dan vueltas a la anilla de un bote de bebida para saber qué inicial les sale, para saber por qué letra empezará ese nuevo amor tan prometedor, ese que yo aún sigo buscando.

Y tú, ¿eres de los que aún busca el amor en el abecedario?

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Ángel Ludeña.

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2 pensamientos en “Buscando el amor en el abecedario.

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