Yo también fui rey del mundo.

Sentado en ese sofá que tanto ha visto pero que sé que callará conmigo, he recordado que una vez fui rey del mundo o que, al menos, eso fue lo que creí. No sé si será por esa música que sale de los auriculares que llevo puestos, porque el frío ha vuelto o porque el otoño ya es un hecho, pero lo cierto es que los recuerdos de aquellos tiempos están hoy tan presentes que no tengo más remedio que escribir sobre ellos.

Puede que la situación me confundiese, me pillase de imprevisto o puede que tal vez, estuviese todo perfectamente previsto por cualquiera que aquellas calles recorriera y es que en esos tiempos, todo el mundo podía opinar, entrar y decidir aunque ni me molestase en escuchar sus opiniones, valorar sus entradas o pensar en sus decisiones.

Yo era yo y no necesitaba más por eso decidí que era momento de jugar con todo y con todos, de ponerme el mundo por montera y disfrutar de una vida que agarraba con fuerza mientras ni tan siquiera veía cómo se escapaba entre mis dedos. Siempre dispuesto a salir pero nunca a entrar, siempre fácil de conseguir, nunca de retener. Las historias que tantas veces quise leer se quedaban guardadas en libros mientras yo buscaba la mía propia, una de la que me sintiera el único protagonista. Las canciones que siempre había escuchado sonaban sin que les prestase mayor atención por estar demasiado ocupado buscando quien las escribiese para mí.

No quería formar parte del mundo, quería que el mundo formase parte de mí, recorrer sus rincones sin quedarme con su huella pero dejando siempre mi rastro, conocer gente para olvidarla después creyendo que me recordarían, quería vivir sin pensar en nada más, quería ser feliz sin importarme la felicidad de los demás.

No quería saber la verdad, porque yo ya tenía la mía. No quería ver la realidad si no era esa la que quería. Mi casa se convertía en el mejor de los hoteles con entradas y salidas, mi habitación en una parte más de un lugar que dejaba de ser mío para ser un poco de quienes formaban parte de mi mundo, o puede que para ser un poco más del mundo y un poco menos de mí.

Sin darme cuenta fui creciendo, mi ego fue aumentando, me fui haciendo grande, tanto que el mundo dejó de tener hueco suficiente para mí. No me importaba porque lo tenía claro, no era el mundo quien me rechazaba sino yo, que había decidido que puestos a vivir, yo lo haría como quisiera, nunca como nadie me pidiera.

Tenía todo lo que quería, o al menos, eso creía. Sólo me quedaba esperar a que esa felicidad de la que tanto me habían hablado eligiese que era momento de formar parte de mi vida. Me equivoqué, me confié y terminé como siempre termina alguien al que le arrebatan un trono que nunca le perteneció. El ascenso había sido terriblemente sencillo, la caída tan repentina como dolorosa. Ese mundo que me rodeaba se desmoronaba a pedazos mientras yo ni tan siquiera tenía fuerzas para levantarlo.

Fue entonces cuando me di cuenta de que antes de hacer un hueco en tu vida, tienes que buscar el tuyo en el mundo, en el de verdad, en el que las historias más geniales están en los libros, las canciones se escriben para los que nunca las piden, las huellas que dejas en los rincones se las llevan las gotas de lluvia a cualquier otro lugar, en el que son más los que te olvidan que los que te recuerdan, en el que la verdad es la que es y la mentira también, en el que las casas no son hoteles por muchas estrellas que mires por la ventana y en el que las salidas siempre son más difíciles que las entradas. Ese mundo en el que los reyes también lloran, se ríen y se equivocan, ese en el que pierden el trono sin haberlo ganado antes, en el que no  sirve de nada reinar si no tienes a nadie a quien poder abrazar.

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Ángel Ludeña.

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Un pensamiento en “Yo también fui rey del mundo.

  1. “No quería formar parte del mundo, quería que el mundo formase parte de mí, recorrer sus rincones sin quedarme con su huella pero dejando siempre mi rastro, conocer gente para olvidarla después creyendo que me recordarían” ME ENCANTA. Toda la entrada es genial…

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