Mi número cinco.

Hablamos mucho de la primera vez, de las segundas oportunidades, de que a la tercera va la vencida y de las cuatro esquinitas que tiene la cama. Todos tenemos un número favorito y el mío es el cinco, por eso no logro entender por qué nadie habla de él y por qué no tiene ningún dicho, cuando su uso puede aportar un gran beneficio.

A mí el primer amor no me funcionó, el segundo, el tercero y el cuarto, si es que acaso existieron, tampoco, por eso he decidido que quiero quedarme con el quinto, con el quinto amor que llegará cuando tenga que llegar. Podré tener veinte rollos o diez noviazgos pero seguiré buscando el quinto, porque para mí, cuando llegue alguien de verdad, será esa su posición en ese ranking en el que coloca mi corazón.

Quiero que sea la quinta mirada de un local a rebosar, el quinto baile pactado de una apuesta con ELLAS, el quinto número que apunto en una agenda repleta, el quinto paseo agarrado hacia ningún lugar y el quinto beso robado debajo de cualquier portal. La quinta persona que me apetece presentar, la quinta visita a una casa que se quiere llenar, el quinto polvo en una cama que se niega a descansar, el quinto pensamiento al levantar y el quinto motivo por el que juego a ganar.

Quiero que tenga cinco deseos que cumplir, cinco destinos que visitar, cinco amigos para recordar, cinco historias que contar y cinco fiestas de olvidar. Cinco motivos para ser feliz, cinco clases a las que se niega a ir, cinco canciones que le hagan llorar, cinco chistes para reír y  cinco secretos que revelar.

A cambio sólo le pido cinco primeras citas, cinco noches a mi lado, cinco besos diferentes, cinco canciones improvisadas y cinco sorpresas inesperadas. Cinco enfados que olvidar, cinco risas que recordar, cinco cosas que enseñar, cinco bailes que repetir y cinco “te quieros” sin decir.

Si después de intentarlo cinco veces decide dejarme que sea con cinco días de antelación y, si además pretende olvidarme, cinco después que yo, porque podrá ser el quinto amor pero no lloraré más de cinco días, ni me acordaré cinco meses después ya que me bastará con cinco razones para olvidar al quinto puesto de una lista en la que el quinto número vuelve a estar sin ocupar.

Nos pasamos demasiado tiempo buscando la diez cosas que necesitamos en nuestra vida, sin darnos cuenta de que son cinco las más importantes de ella. El amor de verdad, la familia que siempre está, la amistad que nunca acabará, las risas que siempre te sacarán y la felicidad que todos queremos encontrar.

Desde pequeños nos preparan para ser los número uno, sin saber que lo primero no tiene porqué ser lo mejor, por eso yo siempre tuve claro que pasaba de los primeros puestos, de encabezar rankings absurdos, de destacar por encima del resto, porque si tenía que posicionarme en algún lugar, prefería el centro y porque si tenía que elegir un número en una vida de diez, quería ser el cinco, tan cerca de los primeros como de los últimos y es que todavía hay quien dice, que los últimos serán los primeros, en un reino cuyo nombre ni tan siquiera recuerdo.

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Ángel Ludeña.

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