La vida cambia.

Era un Septiembre lejano, era un otoño cercano, era una vida por llegar y otra que tenía que marchar. Era un chico de 18 años con poco recorrido en la vida pero con ganas de vivir de verdad. Era yo, una ciudad cerca del mar y una realidad que tenía que cambiar.

No me costó decidirme pero sí asumirlo, no me costó hacer las maletas pero sí cogerlas para marcharme. Aún recuerdo los nervios, las ilusiones, el miedo, la tristeza y la alegría, la suma de sentimientos, de emociones, de miles de razones para largarme de un lugar en el que notaba que ya no tenía cabida, en el que había estado toda mi vida.

Pasamos todo el año planeándolo pero poco asumiéndolo y cuando nos quisimos dar cuenta, el otoño había pasado, el invierno estaba muy alejado, la primavera había acabado y el Sol del verano estaba dando sus últimos coletazos. Las despedidas nunca me gustaron pero no podía irme sin decir que volvería, no podía marcharme sin despedirme de una familia a la que sabía que vería, de unas amigas con las que contaría y de una ciudad que siempre me recibiría. Pero ya no sería igual, porque mi vida a partir de ese momento se vendría conmigo a otro lugar.

Abrazos interminables, besos incontrolados, palabras de más y de menos, promesas de volver, otras de venir y deseos que cumplir. Me costó decir “hasta pronto” pero más aún, “estoy aquí”. Una capital de la que todo el mundo hablaba, en la que las noches no descansaban, los días te agotaban y los sueños se cumplían. Una ciudad sin mar, sin familia, sin amigos. Una ciudad que no tenía claro sí me acogería. Los comienzos fueron muy duros. La soledad me rodeaba, la gente de allí me sobraba, mi familia me faltaba. Pensé que nunca me adaptaría, que a mí esa ciudad nunca me querría porque yo cada vez, la quería menos a ella. Lloraba sin parar, quería regresar pero no sabía a dónde porque ya no tenía claro cual era mi lugar. Sentía que fracasaba, que decepcionaba a quien en mí confiaba hasta que me di cuenta de que seguía teniendo la ayuda que necesitaba, que no existían las distancias si tenías un tren que recorría todos los días andén tras andén, uno que cogería para venir a reconciliarme con la ciudad, la persona a la que más quería. Un día de un Octubre que aún recuerdo lloré menos, me reí más, me empecé a adaptar.

No sé como fue pero sí que ocurrió, que la ciudad finalmente me acogió. Unas clases que empezaban, ELLAS se acercaban, las fiestas se notaban y los ganas de volver ya no estaban. Mi vida cambiaba mientras yo la miraba, mientras disfrutábamos juntos. Nunca imaginé que Madrid me daría tanto en tan poco, que cumpliría algunas de mis ilusiones en un tiempo récord, que encontraría a unas amigas con las que todo lo compartiría, que sería más feliz que en toda mi vida. Nunca pensé que encontraría mi hueco, que sentiría que Madrid a mí también me quería, que lo echaría de menos en los días de verano cuando estaba tan alejado, que me arroparía del frío del invierno, que me enseñaría el Retiro en primavera y las hojas caer en un otoño que cada vez me gusta más.

Sería injusto si dijese que allí no estaba bien porque sí lo estaba, pero, aunque son muchas las cosas que echo de menos, aunque me gustaría tener conmigo a muchos de los que allí están, ahora siento que mi hueco está aquí donde todos los días son diferentes, donde el tiempo pasa más rápido, las fiestas son inesperadas, los amores más intensos, las pasiones incontroladas, las amistades siempre de verdad, donde siempre hay un sitio nuevo que visitar, un viaje que planear y un sueño que cumplir, donde he aprendido a ser feliz.

A pesar de ello, en mi recuerdo siempre estará ese lugar que de vez en cuando vuelvo a visitar, donde tengo a gente a la que quiero de verdad, donde siempre hace buen tiempo, donde empecé a salir por cualquier local, descubrí lo que era estudiar, me tropecé muchas de veces y me levanté unas cuantas más, donde pasé mi infancia, donde no me arrepiento de haberla pasado, una ciudad que aunque sea parte de mi pasado, siempre tendrá hueco en mi futuro porque aunque el tiempo pasa y la vida cambia, hay cosas que nunca se olvidarán y es que los buenos recuerdos por mucho que cambie de lugar, conmigo, siempre vendrán.

¡Hazte fan en Facebook o sígueme en Twitter!

Ángel Ludeña.

Anuncios

Dime lo que quieras, pero dime algo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: