Si yo fuera tú.

Todos vivimos momentos difíciles, complicados, injustos. Todos queremos superarlos, rebasarlos y, si se puede, olvidarlos.

Nunca fui una excepción en cuanto a eso de pasarlo mal aunque puedo presumir de estar tan bien rodeado que cuando se trata de mejorar, siempre hay una mano que agarrar, un amigo que me quiera escuchar y alguien dispuesto a darme esos consejos que cuando se trata de ayudar, nos llegan sin parar.

Me gusta que me aconsejen, aprender lo que los demás me enseñan, de las experiencias de otros, de vivencias comunes pero hay algo que nunca he aguantado, esa famosa frase que siempre empieza con un “si yo fuera tú”. Se dice mucho, se escucha demasiado y es que cuando se trata de “ponerse” en la piel del otro, todo es realmente fácil.

Cuando empiezas una historia que nunca sabes cómo acabará, es inevitable escuchar “si yo fuera tú, no iría tan deprisa”, “no me fiaría” o “me lanzaría”. Si tú fueras yo sabrías que no voy a ir más despacio cuando lo único que quiero es acelerar, es pisar fuerte hasta el fondo, para ganar una carrera en la que no puedo permitirme caer derrotado, en una en la que quiero jugármela porque estoy cansado de temer a perder. Si tú fueras yo sabrías que me tengo que fiar de alguien que sólo me ha dado buenos momentos, que se ha ganado poco a poco un puesto que nunca supe que existía, que ha conseguido sacarme una sonrisa aún cuando creía que era algo que tardaría en recuperar, que tardaría quizá demasiado. Si tú fueras yo no te lanzarías con alguien que es perfecto para todos menos para ti, que habla mucho pero dice poco, que sabe tanto que ya no puede aprender nada aún cuando yo siempre he creído que si se trata de aprender, nunca está de más, pararse un momento y dedicarse a escuchar, aun cuando yo sé que no soy el único que pelea por encontrar un lugar en alguien que igual no está preparado para hacerme un hueco.

Después de una ruptura que no terminas de comprender, siempre hay alguien que te dice: “si yo fuera tú, le olvidaría”, “lo intentaría” o “volvería”. Si tú fueras yo sabrías que no quiero olvidar a alguien que me ha hecho llorar más que reír pero que consigue con dos palabras e incluso puede que sin ellas, que deje atrás los malos momentos, para quedarme sólo con los buenos, que me ría de lo que antes lloré y que recupere la esperanza en que puede ir bien. Si tú fueras yo sabrías que no puedo intentarlo con alguien por quien lo aposté todo hasta quedarme sin nada, con alguien que incumplió una por una las promesas que un día me hizo cambiando palabras con sentimientos, por demasiadas mentiras. Si tú fueras yo sabrías que no puedo volver con alguien que no quiere volver conmigo, que se niega a darme unas explicaciones que ni siquiera sé si merezco, que prefiere borrarme de una vida en la que creí ser todo, porque cuando se trataba de ese alguien, creer, creía demasiado.

Nos gusta ponernos en la piel de los demás, escuchar y opinar, y con mejor o peor intención, lo hacemos sin parar. Siempre fue muy fácil hablar de otros, muy difícil que hablen de ti, por eso yo ahora digo que cuando se trate de mí, si yo fuera tú, no intentaría ponerte en mi lugar que hay muchos huecos a mi lado y cuando se trata de escuchar, yo siempre te haré un sitio, que como ya dije una vez, las penas compartidas son menos, las risas con los demás, mucho más.

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Ángel Ludeña.

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