Entre tus sábanas.

Hay muchas formas de llevarse, de entenderse, de compenetrarse pero lo cierto es que cuando existe una cama de por medio, puede que todas esas normas que preceden a las buenas formas, no logren comprenderse.

Hay unos que se acuestan si son pareja, hay otros que lo hacen si no lo son y es que cuando se tiene una relación, se establece un reglamento en el que faltará la pasión y cuando no se tiene, sobrará la pasión y faltará tan solo, una pizca de razón.

Nunca entendí el sexo con un día establecido, una hora precisa, un momento más que calculado. Convertirlo todo en algo mecánico, con movimientos previstos, sin estímulos, sin acercamientos inesperados, roces improvisados, ruidos incontrolados, pasión contenida o quizá incluso perdida. Sin palabras, silencioso, vacío, triste y aburrido. Con alguien esperado, pero puede que no deseado, con alguien a quien crees conocer aunque sea justamente eso lo que te falta. Pasar de buscar la pasión a ni tan siquiera preguntarse si estará perdida en algún cajón de una habitación cansada de tanta repetición, de convertir una actividad que fue de excepción, en una más de un viejo montón.

A veces, no es tan fácil acostarse en una cama en compañía, otras tantas, demasiado difícil hacerlo si está vacía por eso, en algunas ocasiones, puestos a buscar, buscas a cualquiera que ocupe un lugar que ya no tiene nombre, o que tal vez, nunca lo tuviera. Entra en tu cama, pero no en tu vida. Conviertes esa gran actividad, en un deporte más. Subiendo y bajando, gritando o callando, besando sin besar, queriendo sin querer, buscando tal vez, recuperar el que fue un viejo gran placer. Perder intimidad a la velocidad de la luz, olvidar una dignidad que a veces no te sirve para nada, empezar sin apenas hablar, acabar de la misma forma. Sentirte inútil, absurdo y el juguete perfecto de alguien que puestos a recordar, ni tan siquiera se acordará. Tampoco te importa, porque puestos a olvidar, serás tú quien olvide en cuanto tu puerta la vuelva a cruzar para regresar quien sabe a que lugar, para recuperar una vida de la que nunca formarás parte.

Mucho he oído sobre la diferencia entre estas dos, hacer el amor o echar un polvo, sobre cual era mejor y aunque yo siempre he creído que el sexo no es más que una combinación de las dos todavía hay quien pretende establecer las diferencias entre ambas con palabras, con unas que siempre sobrarán cuando puede que lo único que necesites para comprobarlo sea dejarte de tanta conversación y pasar a la acción. Porque yo tengo muy claro que no se necesita una larga relación para hacer el amor, ni que alguien sea desconocido para que se convierta en el polvo de cualquier rincón. Porque a veces conoces más a quien te cuenta todos sus secretos después de la cuarta copa en una barra cualquiera que a quien comparte contigo piso y cama, pero no vida. Porque a veces,  encuentras la pasión perdida en alguien de quien no recuerdas su nombre y no en quien lo tiene puesto en el buzón junto al tuyo. Porque a veces ves más verdad en unos ojos que acabas de mirar que en otros que tienes demasiado vistos y es que puede que sean más sinceras las palabras más incorrectas que los tequieros que se dicen por decir, esos que sobran de principio a fin.

En el amor nunca hubo normas, en el sexo, tampoco porque a veces no necesitas ni meses ni semanas para sentir, lo que se siente, con un rato entre tus sábanas.

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Ángel Ludeña.

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