Viviendo deprisa.

Siempre me gustó la velocidad. Ir en un coche tan rápido que las cosas que se vean a través de las ventanas duren un instante, montar en un barco a motor que convierta las pequeñas olas en inmensas y subirme a una moto en la que sentir que el aire te aplasta hasta no poder abrir los ojos.

En mi vida, siempre viví muy rápido. Aún no tenía dos cifras en mi edad cuando la vida, el destino o a quien queramos culpar de aquello, decidió ponerme una prueba tan difícil como injusta, una prueba que dos años después superé porque con la ayuda de los que tenía cerca, no podía ser de otra forma. No sé si cambié mi forma de ver la vida o si me di cuenta de que era demasiado fácil perderla pero desde entonces decidí vivir deprisa, disfrutando cada instante como si fuese el último, viviendo como de verdad se vive, viviendo de verdad.

He hecho más amigos que algunos en toda su vida, he salido de fiesta más de lo que podía imaginar, he llegado a la mitad de una carrera casi sin darme cuenta, he conocido a gente que nunca imaginé conocer, he trabajado en aquello que siempre soñé, he cambiado de ciudad haciendo de la nueva mi lugar ideal, he llorado más de lo que me habría gustado, he reído hasta el punto de no poder parar y he sentido tan intensamente que no sé si volveré a sentir igual.

He pisado más las calles en una semana que otros a lo largo de un año, he ido a más conciertos de los que podría esperar, he cantado en karaokes repletos de público, me he hecho reportajes de fotos que nadie podía imaginar, he hablado más de lo que he callado, y a veces, he hablado demasiado. He viajado a tantos lugares como findes tenía libres, he echado más horas currando que algunos en todo un año, he gastado más teléfono que otros en toda su vida, he leído cientos de libros, he corrido bajo la lluvia y he visto amanecer en muchos sitios distintos.

He hecho fotos de los paisajes más bonitos, he llevado un coche más tiempo del que habría esperado y he despedido a muchos a los que nunca me habría gustado. He visitado más hospitales que algunos en toda su vida, he ido bares de dudosa legalidad y conocido a gente que prefiero no saber cuál es su principal actividad. Me he subido a tarimas en las que bailar sin parar, he besado sin pensar, me he acostado sin mucho reflexionar y he bebido más de la cuenta llegando a situaciones absurdas que es mejor olvidar.

Me he enamorado más en unos días que otros en toda su vida, me han dejado más de lo que esperaría, he aprendido a no odiar a quien juré que lo haría, a desearle lo mejor a quien nunca se lo desearía y a jugármela por quien no lo merecía. He vivido mucho y muy deprisa, puede que para algunos demasiado, y aunque a muchos les parezca que así no se disfruta, he disfrutado tanto o más que muchos otros, por eso no me arrepiento de nada, porque como yo siempre digo, hasta el peor de los errores puede convertirse en un gran acierto.

Habrá quien elija otra opción, quien prefiera vivir a otro ritmo, pero yo he decidido que cuando se trata de alcanzar la felicidad, tengo prisa, y aunque con el tiempo me toque bajar el nivel, ahora no me queda otra, que seguir viviendo deprisa.

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Ángel Ludeña.

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