Deshojando margaritas.

Siempre me encantó deshojar margaritas. Cursi o no, quien niegue haberlo hecho, miente, y es que si las personas nos caracterizamos por algo, es porque nos encanta jugar a saber, a ser adivinos, a adelantarnos al futuro.

De pequeños intentamos adivinar qué seremos de mayores, cuando crecemos los intereses cambian y nos preocupan mucho más otras cosas como saber si encontraremos trabajo o todo lo que al amor se refiere y es que cuando se trata de relaciones personales, nunca sabemos bastante.

¿Me quiere o no me quiere?, ¿me enamoraré alguna vez o lograré que alguien se enamore de mí?, ¿estaremos siempre juntos?, ¿estará con otro/a? o ¿alguna vez nos casaremos? son algunas de esas preguntas que no dejan de rondarnos.

A todos nos gusta que nos quieran, que nunca se termine aquella historia, encontrar el amor enamorándonos perdidamente para vivir una de esas que salen en los libros que leemos o en esas pelis que tantos vemos, pensar que somos los únicos y planear una boda que igual ni siquiera nos apetece que llegue. Todos decimos que nos gustaría saber pero cuando se trata de amor, yo soy de los que cree que cuanto menos sepamos, más disfrutaremos.

No quiero saber si me quiere o no, porque si la respuesta es la que espero todo bien, pero si no, prefiero ahorrarme el mal trago que el tiempo pone todo en su sitio y si ya voy sabiendo que nunca me querrá, tiraré la toalla y me rendiré sin intentarlo, y yo nunca fui de rendirme sino de luchar hasta el final, de ponerme metas u objetivos y de cumplirlos, de casi siempre cumplirlos. No quiero saber si esa historia que tan feliz me hace tiene fecha de caducidad porque prefiero vivir el momento, sentir de verdad y dejarme llevar, lo que ocurra después, sea lo que sea, nunca me quitará aquella gran felicidad. No quiero saber si alguna vez lograré enamorarme porque disfruto más pensando que sí, buscando el amor en un rincón cualquiera, en aquella discoteca tan hortera, en una facultad que no suelo pisar o en cualquier otro lugar, igual que tampoco quiero saber si alguien se enamorará de mí porque prefiero pensar que sí, y mientras pienso eso, soy un poco más feliz.

No quiero saber si hay alguno que no sea yo porque aunque suene mal decirlo no necesito ser el único si cuando está conmigo me hace sentir especial y porque si me entero, no tendré más opción que acabar con una relación de mentira, con una mentira que puede que a mí me baste, que hay veces que las verdades duelen tanto, que necesitamos un tiempo para asumir lo que no hace falta que nadie nos cuente porque ya lo sabemos. No quiero saber si me casaré o no porque aunque lo cierto es que nunca me gustó eso de casarme, no quiero que nadie me quite las risas y los buenos ratos que paso con ELLAS planeando dónde serán nuestras bodas, quiénes nos acompañarán, cómo iremos y a quiénes invitaremos.

El pasado es pasado, el futuro está por llegar y mientras llega, no nos queda otra que disfrutar sin planear aunque no pueda negar que alguna que otra vez, he pasado un buen rato deshojando margaritas.

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Ángel Ludeña

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