Aquellos maravillosos años.

Ya es invierno. Antes o después, el frío termina llegando, las calderas encendiéndose y algunos amigos recordándose. Yo hoy, en este preciso instante, me he acordado de ti, de ti y de lo que fuimos, de ti y de lo que ya no somos. Podría decir que fuiste mi mejor amiga pero mentiría porque nosotros fuimos más, ni tan siquiera diría que hermanos, sino más bien dos niños que se encontraron un día de Septiembre que aun recuerdo, dos almas tan fuertes como débiles, dos vidas unidas por demasiado.

Fueron 4 años de risas para recordar, llantos que olvidar, más salidas que entradas, muchas verdades que dolían, demasiados cuentos a los que les buscábamos el final feliz. La vida no nos lo puso fácil, creo que ella sabía que podríamos con ello y por eso pudimos, porque nosotros poder, podíamos con mucho y con muchos aunque se bastasen de un mal empujón para tirarnos a un suelo del que siempre conseguíamos levantarnos.

Nuestra amistad fue veloz como un cohete, con caídas precipitadas y grandes remontadas, con enfados puntuales que se solucionaban con un poco de conversación y un buen trozo de pan con chocolate. Subimos tan arriba que era inevitable bajar y lo sabíamos, al menos, yo lo sabía aunque supongo que esperaba que aquel gran descenso lo hiciésemos como hacíamos todo, los dos juntos. Sería muy fácil culpar a los cambios de la vida, a dos caminos que tuvieron que separarse, a dos vidas que se cansaron de encontrarse, pero no, simplemente pasó, tú te quedaste allí, yo me vine aquí.

Aún recuerdo aquella difícil despedida. Me negaba a decirte adiós, a hablar de aquello, a pensar en que estábamos viviendo el final de un cuento de dos amigos al que no le habíamos encontrado su final feliz. Cenamos juntos, hablamos de todos menos de nosotros, andamos unos pasos, nos dimos dos besos quedando en llamarnos y giré la cabeza hacia otro sitio. Dijiste mi nombre, me giré y te vi llorando como nunca antes mientras yo era incapaz de contener unas lágrimas que no dejaban de caer en ese césped que tanto había visto, en esa calle que tanto había escuchado, en ese portal en el que una vez nos dijimos eso de que pasase lo que pasase, siempre nos apoyaríamos.

El inicio sin tenerte cerca fue difícil. Ver como nos alejábamos también. Cada vez iba menos. Cada vez nos distanciábamos más hasta llegar a hoy, cuando puedo contar con un par de dedos las veces que nos hemos visto en el último año, las conversaciones que hemos tenido, los secretos que hemos compartido. Los kilómetros que nos separan, no ayudan, pero hay con quien a la misma distancia, mantengo intacta mi amistad, tú, en cambio, creo que no has conseguido entenderme, o puede que haya sido yo quien no haya sabido comprenderte. En el fondo, sé que me culpas de irme porque crees que he cambiado cuando tú no lo has hecho y lo peor de todo es que sí, es que yo ya no soy el mismo que arrastraba una mochila por los pasillos de un viejo instituto, y que tú sí que eres la misma que fuiste. Yo he evolucionado ni tan siquiera sé si para bien, tú sigues manteniendo tus viejas posiciones.  Puede que sea yo quien me equivoque, puede que tú estés en lo cierto pero si hay algo que tengo claro es que, a diferencia de lo que tú crees, aunque yo volviese a aquella ciudad, nada sería igual.

En este tiempo atrás, cuando vivía momentos buenos te recordaba, cuando viví los malos, te necesitaba. Y no estuviste. Me hubiese bastado con una llamada que no habría descolgado porque no quería hablar, con un mensaje al que habría tardado en responderte porque me negaba a escribir, necesitaba saber que estabas para decirme que podía salir de aquel agujero que cada vez veía más oscuro, que unos meses de silencios y unos cuantos kilómetros de carretera, no podrían con nosotros, pero pudieron.

Cuando superé aquello, te disculpé conmigo mismo, me planteé que tal vez no supieses cómo me encontraba realmente, que creíste que era más fuerte que todo eso. Este verano, en una noche de playa contigo, te lo conté, te narré detalle a detalle lo que había pasado y creí que me habías entendido, lo creí hasta que tiempo después fuiste capaz de preguntarme por ese alguien, ese de quien ni tan siquiera recordabas el nombre. No te voy a culpar de nada porque yo ni tan siquiera sé con quién sales o entras, donde vienes o vas, pero desde aquí, desde este sitio que no creo que sepas que tengo, quiero decirte que son muchas las veces en las que te echo de menos, que para mí todo lo bueno contigo me compensa, que lo malo está olvidado y los recuerdos bien guardados.

Que te quise mucho, que te sigo queriendo y que siempre tendrás un hueco en ese corazón al que tanto escuchaste, ese que aunque suena lejos no ha olvidado lo felices que fuimos aquellos maravillosos años.

¡Hazte fan en Facebook o sígueme en Twitter!

Ángel Ludeña.

Anuncios

2 pensamientos en “Aquellos maravillosos años.

Dime lo que quieras, pero dime algo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Dime lo que quieras, pero dime algo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: