Nadie te lo quitará.

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Siempre escuché que los amores más intensos, las historias más increíbles y las pasiones más incontroladas eran las primeras cuando todo era tan nuevo, tan auténtico, tan de verdad.

Puede que sea demasiado joven para creer esto, para pensar que hay veces en las que no queda otra que dejar de pelear, que esperar, que buscar y quien sabe si encontrar detrás de un rincón cualquiera ese amor de verdad. Puede que me haya vuelto un pelín conformista, que me haya pillado algo vago o que el frío haya hecho conmigo un buen trabajo, pero ahora me he dado cuenta de que estoy cansado de tanto pelear, de tanta guerra sin final.

En su momento, me pasé demasiado tiempo buscando historias perfectas que tenían de todo menos perfección, discutiendo con todos menos con quien tenía que hacerlo, vendiendo al mundo amores de verdad en el que era justo eso lo que faltaba, escuchando mentiras que nunca llegué a creer aunque siempre quise oír, sonriendo sin ganas, llorando a escondidas, pidiéndole al mundo que el tiempo no pasara, que los finales si no eran felices, no llegaran.

Yo ya no quiero ir a por alguien si ese alguien no quiere ir a por mí, que me presenten a quien nunca debieron presentarme ni ser el primero en escribir a quien puede que no quiera que le escriba. Yo ya no quiero pasarme noches enteras llorando por quien no derramaría una sola lágrima por mí, demasiado tiempo peleando por quien no levantaría la mano para detener la pelea, ganarme enemigos a cada paso ni perder amigos que tal vez nunca lo fueron. Yo ya no quiero pasarme un día entero esperando un mensaje que nunca llegará, mirar fotos que no se repetirán, recordar momentos que no volverán ni buscar una mano que jamás me agarrará. Yo ya no quiero deshacer una cama con quien olvidará mi nombre al bajar al portal, besar en los labios a quien me besa a mí y a diez más ni abrazar a alguien que no busca abrazos, a alguien para quien soy otro más de los contactos de una agenda demasiado larga. Yo ya no quiero pasarme día tras día pendiente de si me la jugará, compartir todo con quien no comparte nada conmigo, discutir más que hablar ni querer a quien a mí nunca me querrá, porque eso será algo que ni tan siquiera intentará.

A quien me conoce le resultará raro este cambio de actitud, que haya dejado atrás esa idea que tanto defendí, esa que decía que en el amor había que pelear hasta el final porque la recompensa antes o después, llegará pero debo reconocer que el tiempo o la experiencia me han enseñado que los amores de verdad no se consiguen en un campo de batalla sino con dos besos robados y tres abrazos en el momento adecuado y que no se ganan después de pelear sino que se pierden cuando el amor ha dejado de importar y las discusiones han pasado a ocupar un primer lugar.

No sé el tiempo que me durará esta nueva concepción del amor, si puede que tal vez mañana llegue alguien por quien me la vuelva a jugar sin pensar en nada más, pero en este momento he decidido recordar aquella frase que mi abuela siempre decía porque mi abuela, de amor de verdad, sí que entendía: “lo que es para ti, no te lo quita nadie”.

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Ángel Ludeña.

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