Un año de diez.

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Se acaba el año. Sí, queramos o no, el 2012 se despide para dar paso al siguiente número, al temido 13, odiado y amado a partes iguales y podrá sonar tópico, aburrido y todo, menos original, pero debo reconocer que este año habrá sido muchas cosas, menos eso. No diré que el 2012 ha sido el mejor de mi vida, porque ese está aún por venir, pero sí que los que vengan tendrán que trabajar duro, porque a completo, a este año no le ha ganado nadie. Podría decir que todo han sido buenos momentos, felicidad total y risas sin parar, pero no, porque como todo lo bueno, ha tenido un poco de todo, en su justa medida.

En Enero volvimos a las andadas, a sentarnos en una silla con un libro delante, a memorizar a toda prisa, a pelear por robarle minutos al tiempo, por ganar un día más, por estudiar lo que antes no estudiamos, por aprobar lo que al final aprobamos. Hicimos del piso, un hogar, del sofá, un buen compañero de aventuras entre hojas de apuntes y canciones variopintas en noches largas que supimos aprovechar.

En Febrero escuché cuatro palabras que lo cambiaron todo, intenté jugar con el mundo para ver como era el mundo quien terminaba jugando conmigo, entré en una guerra sin darme cuenta de lo que hacía, empecé una lucha por alguien que no se lo merecía, aunque por aquellos días, éramos pocos los que lo sabíamos. Además recorrí Lisboa con algunas de ELLAS, viví momentos para recordar y descubrí el encanto que tenía Portugal.

En Marzo ví lo difícil que era la distancia, que la vida cambia, y algunos, con ella también. Me di cuenta de que me estaba enamorando, que mi razón callaba y mi corazón hablaba tan rápido que ni tan siquiera yo lo escuchaba porque por no escuchar, no escuchaba a nadie, ni a mi familia, ni a mis amigos, ni tan siquiera a ELLAS. Me enfrenté a alguien fundamental para mí, discutí sin parar hasta el punto de de dejar de ser yo para convertirme en quien a nadie gustaba, para ser quien menos esperaba.

En Abril llegó mi cumpleaños acompañado de un huracán de sensaciones, de besos robados, de pasiones encontradas, de historias olvidadas, de amigas que regresaban y de amores que junto al mes, se acababan, cuando menos lo esperaba, cuando más necesitaba tener algo que en realidad nunca tuve, cuando desapareció alguien que en realidad, jamás estuvo.

En Mayo salí sin parar, hice de Leti, mi compañera ideal, recorrimos cualquier rincón de la ciudad en el que hubiese alguien dispuesto a ponernos dos cervezas y a no mirar, a no mirar como nos destruíamos a un ritmo incontrolable, cómo intentábamos demostrar lo bien que estábamos, que las heridas que todavía dolían, estaban curadas, que nos habíamos olvidado de historias pasadas. Además, visitamos la playa, mi particular rincón del mundo, necesitaba desconectar y lo hice, necesitaba descanso y paz, y logré con la mejor de las compañías, aclarar unas ideas que estaban de todo menos claras.

En Junio cerré con un candado aquella caja que nunca debí abrir y tiré la llave al mar, donde ya no la pudiese encontrar jamás, descubrí que era capaz de superar una ruptura, de decir, esta vida es mía y la vivo yo. Volví a sonreír, a reír a carcajadas, a buscar una felicidad que tiempo atrás no encontraba, a terminar un curso que ni siquiera sabía que había empezado con el mejor de los resultados.

En Julio empezó un verano sin clase pero con trabajo, con horarios de tarde, y mañanas tardías, con sonrisas de reencuentros y ninguna despedida. Recorrimos la península cada fin de semana, de Moratalla a Guijuelo parando en Madrid durante la semana, cogiendo energías que perdíamos día tras día, encontrando un descontrol que nos encantaba, viviendo como queríamos, dejando que el mundo girara y girando nosotros también.

En Agosto llegó mi verano, mis vacaciones, mi cambio de ciudad, mi vuelta a la felicidad. No fue un mes fácil, sufrí un golpe difícil y es que no hay nada peor que tener que despedirte de quien nunca querrías haberlo hecho. Fue duro asumirlo, más aún tener que empezar a vivir con un hueco que ya siempre estará sin ocupar. A pesar de todo, descansé, recordé quien era y cogí fuerzas que aún me quedan, al lado del mar, con el sol encima, la arena en los pies y rodeado de mi gente más querida, de prácticamente toda mi familia.

En Septiembre tocó volver, decirle hola a la rutina, retomar un ritmo que cansaba y apetecía casi a la vez, reencontrarme con ELLAS, pisar el piso, deshacer la cama y salir tanto como entrar, haciendo de Madrid, un lugar en el que estar era cada vez más genial.

En Octubre empezaron las clases, aunque no las pisé demasiado, el trabajo seguía, la vida también. Compartíamos momentos surrealistas y divertidos a partes iguales, hacíamos fiestas en el piso con vecinos protestando, reuniones hablando dentro del baño, deshaciendo el mundo para después no saber montarlo y viviendo con ganas e ilusión.

En Noviembre llegó el frío. El verano ya no estaba por mucho que quisiésemos recordarlo, aunque aprendimos las ventajas del invierno, con sus fiestas sorpresas, sus listas de discoteca, sus bailes descontrolados y besos olvidados. Dejamos de leer los libros para buscar nuestras propias historias, perdíamos el control para recuperarlo en cualquier rincón de una casa que guarda los secretos con cada uno de nosotros.

En Diciembre el año se fue despidiendo, la navidad llegando y algunos huyendo de ella, pero nos cazó. Recordamos a quienes en realidad nunca olvidamos y echamos de menos a todos los que necesitamos y decidimos que era momento de volver a ilusionarnos, de que el 2012 había sido un buen año, pero el 13 será aún mejor.

El año acaba y el blog celebra sus 100 entradas, 100 historias y 100 momentos en las que a lo largo de estos meses he dejado buena muestra de un año diferente, de un año genial, de un año de diez.

El año empieza y el blog sigue con la esperanza de que el nuevo año sea tan genial, que no me quede otra que haceros a todos y cada uno de vosotros, los que me dedicáis cada día un ratito, los que compartís un poquito de vuestra vida leyendo sobre la mía, partícipes de mi felicidad y también de la vuestra. Que la sonrisa, se convierta en nuestra mejor compañera en un año de diez.

Feliz año a todos y gracias por estos 100 artículos juntos

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Ángel Ludeña.

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