¡Qué difícil es ser hijo!

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Todos hemos oído en infinidad de ocasiones lo difícil que es ser padre, lo complicado que resulta entender a los hijos. Hemos escuchado hasta no poder más eso de que por qué no venimos con un libro de instrucciones, que no hay quien nos entienda, que somos totalmente incomprensibles pero hay algo de lo que parecen no darse cuenta, todos esos que hablan de las complicaciones de ser padre, se olvidan de que ellos también fueron hijos, por eso yo quiero escribir de lo difícil que es ser hijo.

Nadie nos pregunta qué día queremos nacer, si preferimos el verano porque en invierno hace mucho frío o somos más de parto en el agua antes que entre las paredes de un hospital, que sería algo de lo más natural. Cuando vamos creciendo aunque no demasiado tampoco tenemos mucha opción. Nos toca vestir con ropa que deciden ellos, comer lo que nos preparen y aguantar que se enfaden cada vez que la carne se nos hace bola. Nos obligan a tomar verdura y pescado, a ir a clases de inglés, guitarra, tenis y judo por la tarde y hacer deberes hasta muy tarde.

Los años pasan pero las cosas cambiar, no cambian. Conforme avanzan los cursos, todo se complica. Si les decimos que aprobamos, hemos tenido suerte, si les decimos que suspendemos nos lo merecíamos. Si no se lo decimos, más problemas. Ponte a pensar excusas del estilo “han suspendido todos” o “me tiene manía” para escuchar, digas lo que digas, el típico “que me da igual, estudiar es tu obligación y además el hijo de nosequién ha aprobado”. El hijo de nosequién es un clásico.

Cuando vas creciendo y te apetece salir, vete preparando. Llega el momento de preguntarle a tu madre si puedes salir y ella te dirá que le preguntes a tu padre para que él, a su vez, te devuelva de nuevo a ella intentando quitarse la decisión de encima. Esquivar, esquivan y muy bien además. Siempre te pondrán menos hora que al resto de tus amigos, o al menos eso dirás para escuchar una vez más “que me da igual lo que haga la madre de nosequién”. Tú responderás que ahora le da igual pero que cuando se trata de aprobar bien que recurre a los hijos del vecino y ellos te responderán con el típico “que no contestes” y no te molestes porque digas lo que digas, no te darán la razón.

Una vez fuera de casa procura tener el móvil cerca porque como te despistes un momento, a la vuelta tendrás 300 llamadas perdidas, 20 sms y 2 whatsapp pero tranquilo, no serás el único porque todos y cada uno de tus amigos tendrán las llamadas de sus padres y también de los tuyos que ellos cuando se trata de llamar, no se van a cortar. Una vez le devuelvas la llamada te dirán eso de que te van a quitar el móvil, que si lo quieres de adorno o que no se creen que llevándolo todo el día en la mano no hayamos visto sus llamadas. A la vuelta, bebas o no, para ellos habrás bebido y además un montón, reprochándotelo con el típico “hueles a alcohol”, “¿has fumado?” o “¡qué horas son estas de venir!”. Al día siguiente toca interrogatorio. Si te llaman a casa y lo cogen ellos, prepárate porque vendrá el típico: ¿quién es? seguido de una sonrisilla de querer saber. Si respondes, las preguntas nunca se acabarán y si no, se enfadarán y te dirán mientras huyes “qué mal camino llevas” y el típico “tu hijo se nos está yendo de las manos” porque eso sí, cuando hagas cosas buenas serás su hijo, cuando no, serás el hijo de tu padre o de tu madre pero no el suyo.

Si empiezas una historia con alguien, la intentarás ocultar pero te pillarán, quieras o no, siempre te pillan. Si es un rollo, no lo entenderán y si es una relación, prepárate para la ocasión porque puede que quieran conocer a quien ocupa tu corazón. Sea quien sea, nunca será la mejor opción. Delante de quien toque, serán simpáticos pero luego te esperan las “sutilezas”. “Parece majo/a pero..”, “y qué estudia”, “sus padres a qué se dedican…” o “¿lo que llevaba en el brazo no sería un tatuaje?” serán algunas de sus frases preferidas. Nunca será suficiente para ti y cuando la historia se termine vendrán los “te lo dije” porque te lo dijeran o no, no intentes discutir que no van a dar su brazo a torcer.

Las cosas no cambiarán con el tiempo ya que por muchos años que tengas “mientras vivas bajo mi techo” te tocará aguantarte y si no también porque si piensas que irte a estudiar fuera es la solución, te equivocas. Cambiarán el “bajo mi techo” por el “mientras yo te mantenga” y cuando no te mantengan, algo se les ocurrirá. Te llamarán más aún de lo que ya te llamaban estando allí y te visitarán para examinar tu piso, controlar tu vida y recabar toda la información.

Tu casa siempre estará sucia para ellos, te cambiarán la ropa de los armarios y te dirán que vives en un descontrol. Te seguirán por Facebook y dirán que sales mucho, que los exámenes están al caer y que más te valdría ponerte a estudiar que ellos no te están pagando una vida fuera para que te pases el día de fiesta. Te controlarán la hora de conexión al whatsapp y sabrán a que hora te levantas y acuestas, siempre estarás más delgado porque no te cuidas y seguirás aguantando interrogatorios porque, aun a distancia, las preguntas nunca faltarán.

Y sí, los echarás de menos, cuando pases tiempo sin ellos sabrás lo importantes que son en realidad. Querrás que te vengan a arropar cuando haga frío, llegar a casa y tener la comida hecha, que te cuiden cuando estés malo, que siempre esté todo limpio, que no necesites el despertador para levantarte, que a los problemas siempre les encuentren solución y sentir que con ellos siempre tendrás protección porque son los únicos que siempre mirarán por ti aun cuando puede que tú no lo hagas. Por experiencia puedo decir que estar lejos de ellos es difícil y que son muchas las veces que pagarías por escuchar cómo te llaman desde la otra punta de la casa, responder qué y que te digan ¡que vengas!, oír eso de que es la primera vez que se sientan en todo el día, que si nos creemos que el dinero cae de la chimenea, que esa casa no es un hotel y que cada vez que los dejes sin respuestas te digan “tú sabrás”.

Hay quien dice que no se valora a los padres hasta que lo eres pero no estoy de acuerdo, creo que basta con estar un tiempo lejos para darte cuenta de lo importantes que son porque aunque ahora lo vean lejano, nadie puede olvidar que esos padres de los que a veces tanto nos quejamos, a nuestra edad seguro que también pensaron castigados en la habitación de cualquier piso, ¡que difícil es ser hijo!.

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Ángel Ludeña.

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