Para ti, San Valentín.

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¿Tú qué? ¿Este año no has tenido un rato para mí? O peor aún, ¿no creerás que con lo que me has traído has cumplido?. Nunca me caíste demasiado bien pero ahora menos aún. Siempre pensé que tenías a tus favoritos y de los demás pasabas bastante. Eres un partidista y aunque sé que te creerás perfecto, no gustas a tantos como piensas que el amor no se pasa de moda, pero tú estás un poquito anticuado. Visto que no piensas dedicarme mucho tiempo, he decidido que te lo dedicaré yo a ti, por eso hoy, en tu día, en el día del amor, quiero decirte todas las cosas que no me gustan de ti, que para un día al año que vienes, no veas la que armas.

No me gusta que el amor tenga un día y mucho menos que sea Febrero, un mes que para mí es bastante feo. Hace frío, llueve mucho y anochece tan pronto que pasamos más tiempo rodeados de luz artificial y calefacción que de risas, amigos y quien sabe si un gran amor en las calles de una ciudad que nunca duerme.

No me gusta que obligues a que las parejitas se manden bombones y flores, que los primeros engordan y el verano se acerca, y las segundas, si son naturales, no duran y si son de plástico, una auténtica horterada. Si las flores fuesen rosas blancas podríamos hacer una excepción pero que eso quede entre tú y yo.

No me gusta que las parejas tengan que decirse que se quieren cuando tú digas que los “te quiero” bonitos son los improvisados y los tuyos están totalmente pactados. La naturalidad nunca fue tu punto fuerte y si a éstos tan forzados le sumas el momento poema copiado de internet, un clásico entre los clásicos, la hemos liado. Te cuento un secreto, odio que mi poema favorito circule por ahí gracias a gente que no sabe apreciarlo. ¿Cuál es? Ese que acababa diciendo: “…esto es amor, quién lo probó, lo sabe”.

No me gusta que en tu día se “haga el amor” por obligación porque si es 14 de Febrero, no se puede recurrir al sexo salvaje y divertido, sino al momento besitos bonitos y mucha caricia, dejando atrás la pasión y la locura a cambio de un rato que puede ser una auténtica tortura.

No me gusta que te conviertas en el mejor aliado de las grandes superficies que un mes antes de tu llegada se encargan de colocar corazones por todos lados acompañados de carteles de lo más internacionales y es que no hay nada mejor que declarar el amor con el “novedoso” I LOVE YOU. El spanglish está muy pasado.

No me gusta que te cueles en las clases sin piedad colaborando con tus favoritos, esos que sonríen al son de tres cartas de “amor” mientras que los de la esquina se plantean cuando les tocará a ellos. Eres muy cruel y un poco cobarde, que vas a por los más inocentes porque sabes que con los de mi edad ya no puedes.

No me gusta que a los que han sido dejados, les recuerdes lo solos que están, les hagas volver a revivir esas dolorosas rupturas, a plantearse qué hicieron mal y a prometerse que al año próximo no les volverá a pasar porque habrán encontrado a su pareja ideal. La pareja ideal no existe así que deja de venderla que cada vez tengo más claro que lo tuyo es todo un negocio.

No me gusta que por tu culpa repitan las mismas pelis de siempre, esas en la que dos tortolitos lo pasan muy mal pero siempre acaban juntos con ese rollo de que “si dos personas se quieren, no importa nada más”. Mentira, en la vida real los finales felices en las historias de amor no son para quiénes se los ganan sino para quiénes tú decides, para esos “afortunados” que tienes de amiguitos.

No me gusta que los restaurantes se llenen con cenas “especiales del amor”, con mesas para dos, velitas y otras chorradas, que no sirve de nada tanta tontería si los que están sentados frente a frente hace mucho que dejaron de tener amor, pasión y hasta conversación. Yo, la verdad, prefiero pasar cenas de San Valentín con buenas amigas en las que poder reírme de ti y de las gilipolleces que muchos hacen en tu nombre.

Y no, no me gustas tú porque te crees muy listo mandando a Cupido disparando flechitas sin ton ni son, que deberías saber que la puntería le falla y suele dar a la persona equivocada. Además tienes un defecto, una vez la fastidias, no pides perdón, al menos no a mí que aquí sigo esperando que vengas a darme alguna que otra explicación. No, ya no.

Son muchos los que te pedirán que los ayudes, que les busques una solución, pero no, yo me conformo con que me dejes en paz que visto los resultados obtenidos, prefiero buscar yo solito así que si me tenías preparado un nuevo y gran amor, sólo te digo: para ti, San Valentín.

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Ángel Ludeña.

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