Cuando me acuerdo de ti.

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No te mereces que te vuelva a nombrar, que después de tanto, haya días en los que piense en ti. Puede que sea porque la vida lo ha querido así o porque mi memoria nunca me ayudó en eso de olvidarte pero me da igual lo que creas, lo que pienses de mí, si me odias, me recuerdas o me ignoras porque no necesito saber lo que opinas tú, para recordarte yo.

Apareciste cuando te lo pedí, te fuiste cuando quise que te quedaras y volviste cuando dijiste que volverías, cuando decía que no te creía pero me seguía saliendo esa puta sonrisilla cada vez que me escribías. Decías que siempre te había parecido inalcanzable y pudiste comprobar en un tiempo récord lo fácil que era atraparme. Había quien pensaba que era fácil probarme pero nunca apostaron porque lograrías enamorarme. Lo conseguiste y el secreto de cómo ni siquiera lo tengo yo, te lo quedaste tú.

Si comparo la primera vez que te conocí con la última vez que te vi, no consigo reconocerte, puede que por eso prefiera recordar tu pelo negro y tu mirada inocente de la primera, antes que ese gesto de odio y de mentira que tenías la última. No sé si es por culpa de una noche como ésta, porque mi vida personal no conoce la estabilidad o porque simplemente soy así de imbécil pero si escucho hablar de ti, aún me pregunto si estarás bien y siempre espero que la respuesta sea que sí. Nadie me entendería, todos me dirían que no te lo mereces, que tú a mí nunca me desearías nada bueno, pero me da igual lo que digan porque por muy mal que acabase todo yo siempre estaré en deuda contigo por haberme hecho tan feliz. Es tan injusto decir esto, no para mí, sino para todos los que cuando me escuchan hablar así de ti me preguntan si es necesario que me recuerden cómo me dejaste, cómo me utilizaste y cómo acabaste conmigo cuando dejé de interesarte.

Ellos no lo entienden y yo tampoco debería entenderlo pero sí, en el fondo, te entiendo porque aunque ellos no saben muchas cosas, yo siempre me acuerdo de todo, especialmente de lo bueno. Te reías de forma especial con esa sonrisa que atrapaba a cualquiera que pasara a un kilómetro de distancia, me mirabas cómo nunca nadie me había mirado, conseguías dejarme completamente paralizado, me escribías cuando más te necesitaba, parecía que siempre lo sabías, y me abrazabas tan fuerte que me pedías que nunca me fuera, quién me iba a decir, que serías tú quien lo hiciera. Eras alguien especial y no, no me creo que mintieses siempre que yo soy lo suficientemente inteligente para saber cuando unos ojos mienten y los tuyos no lo hacían. Si me querías o no, es algo en lo que paso de entrar, ahora ya no me lleva a ningún lugar, yo te quise a ti y tú algo sentiste por mí.

Algunos dicen que atracción sin más, otros que interés y muchos que sentir, sentiste, pero que dejaste de sentir tan pronto cómo empezaste.

Una buena amiga de la que no voy a decirte el nombre, una a la que ni tan siquiera conoces, dice que ella cree que si me querías pero que en el fondo sabías que yo en tu vida no te servía. Da igual, fuera lo que fuera, me enamore de ti tanto que dejé de pensar en mí para hacerlo sólo en ti.

No, no fuiste un capricho adolescente, no una primera historia de las que nunca se olvidan porque había tenido más, no una obsesión sin más, porque si no, no habría arriesgado tanto por ti.

Hace mucho que dejé de mirar las fotos que teníamos porque eso no me llevaba a ningún sitio, hace mucho que guardé todas tus cosas en un escondido rincón dónde no tener que verlas más, y sobre todo hace mucho que no te escucho cantar. No. Me niego a escuchar de nuevo cómo haces una guitarra sonar, cómo cantas de esa forma tan genial, porque todavía hay quien cree que fue eso lo que me enamoró de ti, que la música también lo estaba y es que lo que hacías tú no era más que una música enamorada, enamorada de ti porque sabías hacerla feliz, tanto como me hiciste a mí. Por eso ni tan siquiera recuerdo la última vez que puse esa canción que me escribiste, esa en la que tanto me decías, en la que me pedías una oportunidad para empezar de nuevo una historia que estaba firmando sus últimas páginas.

No sé nada de ti, tampoco necesito saberlo para decirte desde aquí, desde este sitio tan mío que sé que alguna vez lees, que estoy bien, que hace mucho que dejé de sentir por ti, que pasaste de ser un doloroso presente a un pasado bien recordado, pero al fin y al cabo, pasado, que aunque no me creas sólo te deseo que seas feliz y que espero que no te hayas quedado con un mal recuerdo de mí, porque con el tiempo he descubierto que también soy capaz de sonreír cuando me acuerdo de ti.

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Ángel Ludeña.

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