Para cuando vuelva a llover.

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Llueve. Esta noche no ha parado de llover. Hace un año también llovía. Recuerdo el portal en el que estaba, la persona con la que hablaba por el móvil, lo que le contaba, lo que llovía y sobre todo, lo que ha cambiado el mundo desde entonces. Lo que también he cambiado yo. En el amor, especialmente en eso.

No había nada que me gustase más que gustarle a alguien, que alguien me gustara. Me encantaba ponerme objetivos y cumplirlos, convertir apuestas en realidades, luchar por enamorarme y pelear por conseguirlo. Disfrutaba hablando, entre risas, de conquistas de una noche, de amores que volvían, de idas y venidas, de miradas escondidas. Me gustaba jugar a ganar porque siempre ganaba y cuando no lo hacía, también disfrutaba que por aquel entonces hasta las derrotas sabían dulce, por lo menos, mucho más que ahora.

Las cosas han cambiado.

No, no estoy enamorado pero tampoco quiero estarlo. Puede que me haya vuelto un cobarde pero tengo miedo, miedo de que me vuelvan a hacer daño. Miedo a volver a ganarme enemigos, a meterme en historias de dos y convertirme en el tercero en discordia. Cuando conozco a alguien que me puede llegar a gustar, huyo, sí, prefiero huir antes de que me guste más porque creo que pase lo que pase saldrá mal y no estoy preparado para que vuelva a ocurrir, para volver a dar dos pasos hacia atrás en un camino que ahora se me hace cuesta arriba.

Ya no escribo a nadie, ya no llamo, ya no salgo a por todas, ya no me dejo llevar. Antes si me proponía algo y había que pelear, peleaba y ahora no peleo por nadie, no lucho por lo que quiero porque ya me cansé de querer querer, para que quien yo quiera sea justamente quien no me quiera. Me he vuelto más frío, menos cercano, nada atrevido, tal vez, un poco más vacío.

Antes si alguien quería conocerme, yo me dejaba conocer, ahora todo es más complicado. No sé poner mi mejor cara, paso de hablar de mi vida, prefiero escuchar la de los demás, que esa no duele, y he descubierto lo difícil que es recordar y lo fácil que es sentarse y escuchar. Mis amigas se extrañarán de que ya no las llame y me pase horas hablando, contándoles si me gusta alguien, hablándoles de lo que pasó o dejó de pasar, tener algo que contarles. Mentiría si digo que no me pasan cosas, porque me pasan, pero no las busco yo y antes era de buscar, ahora en cambio, me he vuelto difícil de encontrar.

Nunca me gustó la gente que se tapaba la herida antes de tenerla y no quiero convertirme en alguien así porque he cambiado pero sé que volveré a ser el de antes, el que se equivocaba pero le encantaba equivocarse, el que andaba sabiendo que podía tropezar y el que se dejaba llevar, el que sabía que la vida le guardaba una sorpresa, una sonrisa y a alguien de verdad.

Siempre pensé que el amor dolía, pero en el fondo compensaba, esta noche no lo pienso, pero prometo cambiar de parecer para cuando vuelva a llover.

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Ángel Ludeña.

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