Que le pregunten a ellos.

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Que le pregunten a Enero si eran sólo las habitaciones de aquel piso las que estaban vacías,

si el corazón de el que decía que nunca se enamoraba sabía la que se le venía encima.

Que te diga si es verdad que él jugó a ganar porque siempre ganaba,

o si perder también entraba en sus planes.

 

Luego habla con Febrero y ese frío que congelaba a su paso,

ese que no existía en esa habitación en la que sobraban llantos y faltaban abrazos.

Dile que ponga un poco de luz en el asunto, que te cuente por qué lloraba a escondidas,

y el motivo por el que delante de los demás sólo reía.

 

Pilla a Marzo y oblígalo a que te cuente por qué las distancias dolían más,

por qué empezó a odiar el mar y lo que separaba,

que te diga si él creía que aquellas dos vidas encontradas iban a volver a encontrarse,

o si sería esa la única forma que tenían para dejar de recordarse.

 

A Abril y la primavera, dile que te cuente por qué La Fuga le llamaba “Maldito”,

que te diga los detalles de aquella historia que por fin daba pasitos,

si es verdad que a él le daba miedo andar deprisa por si podía tropezar,

pero en realidad ya sabía que si era contigo tropezaría.

 

 

No hables con Mayo, no quiere que te cuente lo que sabe,

que no te hable de llantos amargos, de cartas sin mandar, de días que parecían años,

que no te diga nada de las cervezas que tomaba para olvidar,

de sus amigas y de las normas que todos se querían saltar.

 

Si te cruzas con Junio, no te pases con él,

fue duro pero cierto, con ideas claras y planes de superarlo,

con decisiones difíciles pero correctas,

con dejar de echar de menos para empezar a echar de más.

 

El Verano puede decirte que su familia y sus amigos estuvieron allí

que intentó ser feliz y con ellos lo logró,

pero que aun así había días que intentaba dejarte en altar mar,

y que otros, sin más volvía a llorar pero lejos de ti.

 

Septiembre siempre se resistió,

la vida volvía a llevarlo al sitio de siempre,

con recuerdos que no se iban e historias inacabadas,

con miedo a regresos que aún estaban presentes.

 

Octubre te dirá que el otoño regresaba, que las hojas se caían,

que él tomaba la riendas de su vida.

Pisaba fuerte el suelo sabiendo que no iba a caerse,

y cuando miraba hacia arriba, ya no pensaba dónde estarías.

 

A Noviembre cúlpalo de que las flores ya no olían,

de que él dejó de buscar la eterna primavera y asumió que el invierno estaba al llegar,

que entendió que las historias de verano se acababan,

y que la vuestra, aún en pleno Abril, había sido solo eso.

 

Si ves a Diciembre te dirá que volvió a su vida,

que dejó de imaginar una historia juntos,

y que se dió cuenta de que llegados a ese punto,

vuestra historia había puesto el suyo.

 

Ángel Ludeña.

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