Yaiza.

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Octubre empezaba y Madrid parecía no querer despedirse del verano. El despertador aquella mañana sonó demasiado tarde, o tal vez era yo el que no tenía demasiada prisa por llegar a un sitio dónde aún no había encontrar mi lugar, un sitio que habría cambiado en un sólo instante por irme “a cualquier otra parte”. Cuando abrí la puerta y llegué a aquella clase sólo quería encontrar un sitio lo antes posible, en primera fila sobraba uno y me senté sin mucho pensar. Aquella se había convertido en “mi realidad”, la de todos los días, llegar, sentarme, esperar y marcharme. Pero aquel sería diferente, no iba ser un “día en el mundo”, aquel sería “un buen día” en el que mi vida cambiaría. Estabas a mi lado y sonreías, ni tan siquiera sé por qué, pero lo hacías, siempre me gustó la gente que sonreía y desde ahí supe que ese fue “el encuentro” que tanto había esperado.

Así empezó todo. Nos unimos tan rápido que aún a veces me pregunto cómo pero aquellos meses empezamos a ir siempre juntos, te convertiste en una de ELLAS y tuvimos que hacer frente a un curso en el que reinaba la ley de “sálvese quien pueda”, un curso del que nos salvamos, sin saber si éramos de “los buenos” o de los malos, pero sabiendo que éramos auténticos, “ni valientes, ni inconscientes”, simplemente nosotros. Parece que fue ayer y han pasado más de tres años. Siempre he pensado que teníamos algo en común, de primeras, nunca caemos bien. De segundas, a veces, tampoco.

Me bastó con un día de fiesta para ver que a vosotras, igual que a mí, “tanto os daba ocho como ochenta”, que después de noches de copas de más y recuerdos de menos, no necesito preguntarte “qué les vas a decir cuanto te señalen y hablen de ti”, porque sé que te va a dar igual, que sabes muy bien que la vida es lo que es y está para disfrutar, mientras lo permita la edad. ¡Ay Yai, la edad que mal la vamos a llevar!

¿Te acuerdas cuando volvimos de las fiestas de Alcalá con un bote de Nutella de 5 kg? y ¿aquella vez en la terminamos con Sheila perdida por la pista y tú y yo encima del escenario bailando con Zombie Kids? Verte amanecer con el bolso puesto encima de la cama mientras yo me desperezaba en el sofá es algo que nunca podré olvidar. A veces no sé si somos nosotros los que hacemos de algo normal un “pequeño desastre animal” o es que estamos en una ciudad tan especial que las fiestas aquí siempre están fuera de lo habitual aunque en realidad nuestros viajes me lo dicen claro, y si no que le pregunten a aquella señora tan oscura de “Lisboa” que tan difícil nos puso la cosas, a la que tendremos que ver dentro de un tiempo aunque sólo sea para que nos mire y piense: “Aha, han vuelto”. Volveremos, y tanto que lo haremos. No sé cuando vamos a ir a Granada porque siempre lo decimos y no vamos. Mucho viajar y ya verás como luego acabamos antes en Siberia al borde de un velero con un capitán cualquiera que disfrutando de esa famosa fiesta de la primavera.

Nunca te lo digo pero no sabes lo importante que eres para mí. Eres de esas personas que no hacen ruido pero siempre están ahí. Contigo descubrí que “los días raros” se solucionaban con un ron de tarde, que después de una buena sesión de discoteca, los asientos del metro se pueden convertir en auténticos “paraísos artificiales” y que en los conciertos, aunque se llegue tarde, siempre se acaba en primera fila, “allí dónde solíamos gritar” sin parar mientras encendíamos velas de cumpleaños para que Chino de Supersubmarina las viese.

Junto a ti he aprendido que no hace falta decir te quiero para querer a alguien, que los abrazos no sólo se dan si no que se demuestran y que tú eres de esas que nunca se enamorarán, hasta que te enamores que yo sé que ya lo harás, que tu amor por “Kevin McAllister” es algo que no puedes negar.

A veces me pregunto cómo seremos en el futuro, si seguiremos siendo de preferir el sofá que el gimnasio, si seremos capaces de plantarnos en el desierto en plena “tormenta de arena” con tal de aprobar sin estudiar y si después de cada fiesta te sentarás en mi cama y juntos intentaremos atar cabos de una noche que nos cuesta recordar. Me encantaría saber si seguirás siendo la “valiente” del grupo que hace frente al señor que venía a gritarnos abajo, ese al que temíamos más que al mismísimo “hombre del saco”, si serás de poco hablar por teléfono y mucho escribir por whatsapp para contarnos todo que tú eres de guardar “alta fidelidad” y si continuarás haciendo “estudios de mercado” para sobrevivir antes que buscarte un trabajo normal.

Sé que “el tiempo pasará” pero yo no quiero que cambies, que te conviertas en uno de “los amigos que perdí” aquí y que sigas siendo mi querida Yai, la primera en llegar y la última en irse, la que siempre está para decirme ole, ole y ole a cualquier conquista por planear y con la que escribo a una vieja amiga después de mil años sin hablar aun sin esperar respuesta, “maldita dulzura la nuestra”. Mi amiga con la que la lío en una conocida sala de la ciudad, la que aguanta lo que haga falta si hay una foto por hacer y con la que siempre me toca celebrar mi “cumpleaños total” aunque vistos los resultados, mejor nos quedamos con celebrar y ya está.

Te quiero mucho y aunque nunca te lo diga, sigue siendo cómo eres, que ser así es “lo que te hace grande”.

¡FELICES 21!

Ángel Ludeña.

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