Fui.

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Fui el que nació por cesárea porque no le iba eso de hacer esfuerzos, creció en una calurosa ciudad rodeado de quienes le quieren de verdad y disfrutó de su infancia como el que más. Fui el que cogió las maletas y se marchó a la capital a descubrir un mundo que aún no había conocido, el que se arriesgó y nunca se arrepintió porque sabía que detrás de cada error también podía haber un gran acierto. Fui impreciso, indeciso, alocado y cabezón, y siempre tenía razón aún estando equivocado.

Fui una historia de olvidar para cualquier ser de todo menos especial, alguien que recordar en una cabeza demasiado ocupada y el quinto puesto de una lista demasiado larga. Fui el andar sin saber a donde, buscar sin tener ni idea del qué y esperar por esperar aunque nadie me esperase a mí. Fui amigo de mis amigos, el enemigo que querían evitar y el que miraba por encima o por debajo, nunca de igual a igual.

Fui odiado y querido a partes iguales, respetado por seres respetables y detestado por algunos un tanto despreciables. Fui el confidente de medio mundo y el mejor cajón para los secretos de amor, desamor y pasión de toda amiga que quisiese que me sentase y la escuchase.

Fui el que nunca se enamoraba, el que jugaba a ganar, se reía de los que se pillaban y él que sabía lo fácil que eran las conquistas cuando en las batallas no había nada que perder. Fui el que se enamoró para contarlo, el que olvidó ser él y empezó a ser cómo los demás, se dejó llevar y tropezó una y otra vez porque, por aquel entonces, me encantaba tropezarme.

Fui el que no levantaba la mano en clase porque no lo necesitaba para hablar, el que salía delante de todos para exponer trabajos que ni se había leído y el que defendía siempre las ideas que tenían sin importarle dónde y frente a quién.

Fui el que entraba a la discoteca y bailaba sin parar, tonteaba con quien tocase y luego se quejaba hasta de que le rozasen. Fui el que disfrutaba haciendo regalos más que recibiéndolos, el que odiaba cumplir años pero no dejaba de soplar las velas y el que hacía tantas fiestas de celebración como cualquiera que volviera de luchar en una gran guerra.

Fui el que se reía en los momentos más inoportunos, el que lloraba con los programas de la tele y el que creía que la música lo curaba todo. Fui el que odiaba las despedidas, el que pensaba en el futuro y disfrutaba del presente, el que siempre creía en la gente. Fui alguien difícil de hacer reír pero que sabía lo que era hacerlo, que creía que llorar era lo mejor para despejarse, que las historias no se olvidaban sino que se sobrellevaban y que aunque la vida da muchas vueltas sabe donde, como y con quién debe pararse.

Fui tantas cosas que necesitaría ser ahora que a veces necesito recordarlas y es que aunque el tiempo ayuda olvidarlas, yo del tiempo siempre huí, que si soy como soy es gracias a todo lo que un día fui.

Ángel Ludeña.

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