El condicional del verbo querer.

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Podría darte la última mirada de la noche igual que lo que me queda de una copa casi acabada. Podría decirte mi nombre y también mis apellidos pero de poco serviría porque hay demasiados como yo, chicos tan del montón. Podría contarte una vida de película y pedirte que formases parte de la mía como personaje secundario en un mundo de demasiados primarios. Podría decirte que seamos sólo amigos, que yo no soy de relaciones formales sino más bien de despedidas en portales. Podría invitarte a subir la escalera mientras la vergüenza se esconde debajo de tu camiseta.

Podría ofrecerte cerveza incluso otra copa más aunque puede que la rechaces porque tú ahí vas a lo que vas. Podría dejar que le saquemos los muelles al colchón y que todos los vecinos se pregunten si lo del 1 D es una explosión de amor, de pasión o un simple revolcón de dos que no tienen por qué volver a verse. Podría invitarte a dormir si se que te vas a despertar cuando te de golpecitos con el codo en el mismo instante en el que quiera salir. Podría ponerte el desayuno y dejar que me ofrezcas el plan del siglo. Podría dejarme llevar durante el tiempo que sea, cambiar mis días y añadirte a ti, hacerte un hueco en mi vida.

Podría compartir contigo mis mejores risas, volver a sonreír sin saber por qué y dejar que todos se pregunten quien tiene la culpa de que la cara de felicidad me acompañe. Podría mirar el móvil cien veces diarias sólo por si me escribes y notar que el mundo se para cada vez que ese “click” y la luz en la pantalla me digan que estás ahí. Podría cederte la mitad de mi cama si tú me dejas alargar el despertador un ratito más. Podría volver a leer un libro de amor y sentir que no saben nada porque antes de escribir de eso deberían preguntarte a ti. Podría presentarte a todas mis amigas y decirles que eres diferente, especial, algo fuera de lo normal. Podría memorizar tu número, tu DNI y hasta tu pasaporte si te comprometes a recordar el día de mi cumpleaños. Podría soplar las velas e incluirte en mis deseos de esos que no se pueden decir aunque sepas que van por ti.

Podría escuchar un disco entero de Metallica igual que de cualquiera al que le de por cantar si me dices que me harás un hueco a tu lado en la primera fila del concierto del año. Podría dejar que escribas en el espejo del baño cada vez que te duches aunque luego todos sepan qué me dices para tenerme tan así. Podría darte el beso que desbancaría al del mismísimo Titanic si luego podemos seguir practicando un día tras otro aun sabiendo que yo soy más de abrazos. ¿Sabes qué podría? Podría enamorarme de ti pero no, porque me da miedo y porque yo ya no me creo eso de que querer es poder que yo he querido mucho y no he podido.

Hace algún tiempo que aprendí a distinguir entre poder y podría. También entre querer y querría. Hace algún tiempo que descubrí que el verbo poder sí admitía el condicional, casi a la vez que aprendí a no creer en el condicional del verbo querer.

Ángel Ludeña.

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2 pensamientos en “El condicional del verbo querer.

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