Tu estúpida manía de cambiar lo que te quería.

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El amor verdadero vale más que dos de verano y menos que una de esas veces en las que me agarrabas y me acercabas con la mano, vale más que yo y menos que tú. Tú y tu forma tan tuya de mirarme, de sentirme, de recordarme. Tú y tú manera de sonreír, discreta pero de verdad, dando vida cada vez que lo hacías. Tú y tus mensajes de “Buenos días” aun cuando el negro del cielo era evidente y la lluvia rompía sin parar en el cristal de mi cuarto aunque para mí si era contigo el sol siempre estuviese de nuestro lado. Tú y tu manera de hablar, tranquila y pausada, acertando siempre. Tú y tu forma de caminar, mirando al frente, esquivando los problemas y enfrentándote a la vida, tú con ella siempre fuiste frente a frente.

Tú y tus pelis de madrugada, tus poesías inventadas y tus canciones de mañana en un cuarto cargado de fotos de actores de los años 20. Tú y tus días raros que se olvidaban con dos copas de ron y una canción de los Rolling Stones en la vieja radio del baño. Tú y tu manera de dejarte llevar, de sacar un disfraz de carnaval en pleno agosto y una bufanda de lana en primavera con tal de hacerme reír. Tú y tu risa contagiosa, esa que empezaba casi escondida y terminaba contagiándose a cualquiera que estuviese cerca. Tú y tu legión de exs enamorados de ti y cargados de odio hacía mí.

Tú y tu grupo de amigos donde cualquiera era uno más pero si faltaba uno, se echaba de menos, creo que la vuestra era una amistad de las de verdad. Tú y tu interés por saber si salía o entraba, si mi día había ido bien o si necesitaba tenerte a ti para que me dijeses a todo que sí.  Tú y tu empezar a cambiar sin que nadie lo pudiese evitar.

Tú y tu facilidad para hacerme daño sin explicarme el cómo ni tan siquiera el por qué, tampoco te hacía falta. Tú y tu entrar y salir sin parar, pasando de vivir para los demás a hacerlo sólo por ti. Tú y tus intereses, tan cerca de lo que nunca te había gustado y de mí, de mí tan alejados. Tú y tu forma de machacarme, de intentar recordarme a cada instante que habíamos pasado de ser un amor rebosante a algo completamente distante en el que sobraba todo de mí y faltaba mucho de ti. Tú y tu manera de esquivarme, de evitarme, de encerrarte en un mundo sin sitio para nadie más que para ti. Tú y tus mentiras, tus verdades que ya no lo eran, tu contarle tu vida a cualquiera y negarte a decirme a mí el motivo por el que habías pasado de quererme para ti, a no querer a nadie más que te dijera la verdad.

Tú y tu forma de dejarme, de decirme una tarde de primavera que lo nuestro, nuestro ya no era, que me cambiabas por noches de desenfreno, que yo a tu vida ya no le valía y que te daba igual si entraba o salía, pero que tenías claro que tú no estarías al lado. Tú y tu manera de acabar conmigo tan pronto como te lo propusiste, de no pensar ni un sólo segundo en mí y en lo que habíamos sido, de echar por tierra un amor de verdad olvidándome entre las copas de un bar cualquiera, de olvidar que alguna vez tú por mí también sentías y  tu estúpida manía de cambiar lo que te quería.

Ángel Ludeña.

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