Cuando el tiempo se mide en recuerdos.

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Hace un año que te fuiste y si de algo me ha servido este tiempo ha sido para echarte más de menos. A ti y a esa forma de sonreír cada vez que me veías cruzar la puerta, a ese olor a recién hecho que siempre tenías en casa, a esos agarrones de mano que me salvaban de todo y  a esas ganas que tenías de poder con todo, porque podías abuela, tú siempre podías.

Podría contarte lo enfadado que estoy con el mundo por decidir que te fueras con lo que te necesitábamos aquí pero, ¿sabes? prefiero hablarte de mí y de todos porque tengo claro que las distancias no se miden en kilómetros y tú siempre estás con nosotros aunque sabía que el verano no sería fácil.

Sabía que estar en mi particular rincón del mundo sin ti sería complicado. Sabía que me costaría acostumbrarme a que las ausencias se noten tanto pero en cierto modo me alegro porque cada vez que te echo de menos quiere decir que me estoy acordando de ti. Me encantaría que volvieses a recorrer la casa pasito a pasito, que ocupases el sillón de la terraza para hablar con las vecinas y que discutieses con quien hiciese falta sólo para defendernos. Me encantaría ver cómo le preparas el desayuno al abuelo, te quejes de que tarde mucho en volver de pescar y te desvivas por él y por nosotros, como siempre, abuela. Que difícil resulta descubrir que el “como siempre” también se acaba, al menos aquí porque para mí tú nunca has dejado de estar ahí.

Este año sin ti ha sido complicado de llevar, por mí y por todos, que ya sabes que no soy el único que te echo de menos, pero te tenemos tan presente que a veces olvido que no estás, al menos no como me gustaría a mí. Cuando te fuiste, creía que no estaba preparado para hacer frente a mi vida sin que estuvieses conmigo, me enfadaba con el mundo por haberme dejado sin ti, pero tengo que decirte que no me has fallado y que sí, que me has demostrado que ya no soy el niño que se negaba a beberse el biberón si no estabas tú para dármelo, que puedo hacer mi vida y ser feliz. Y lo soy, abuela, o al menos, soy feliz intentando ser feliz.

Cuando volví a Madrid creía que no podría con todo, que era imposible combinar el ritmo de trabajo con tantas asignaturas, que no tendría tiempo para mí. Me encuentro en Agosto, en mitad de mis vacaciones, con el curso sacado, un trabajo que cada vez me gusta más y ganas de aprender, de crecer y de ser alguien que merezca la pena conocer. Este año he reído hasta no poder más, he conocido a nuevos y buenos amigos, he disfrutado de ELLAS, he madurado o al menos lo he intentado, he llorado menos que de costumbre y he aprendido a valorar lo que realmente merece la pena. De salud, bien, abuela, muy bien, fíjate, tanto esfuerzo tuvo su recompensa y sé que cada vez que salgo de una revisión y el médico me dice que estoy bien, tú, desde donde estés, me sonríes porque pudimos, abuela, y porque seguiremos pudiendo, que en su momento fuiste imprescindible, y ahora lo sigues siendo. De amor, uy de amor, no sé si prefiero hablar o callar, sólo te diré que estoy bien, que recuperé la ilusión, las ganas de enamorarme y de conocer a alguien. Los demás, todos bien abuela. Te echan de menos aunque eso ya lo sabes.

Ahora que es verano, aprovecha y no dejes nunca de ser tú. Cuida del abuelo y de todos lo que están por allí, dale recuerdos y sé feliz, que nosotros lo seremos también por ti.

Te quiero mucho, abuela.

Ángel Ludeña.

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