Mi facilidad para quererte nunca entendió tu manera de perderme.

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Ha pasado tanto tiempo que recordarte con nitidez me resulta complicado. No tenía previsto acordarme de que existías pero es lo que tiene volver aquí, que hasta las esquinas me miran de reojo y se preguntan que fue de ti. De quien sabía lo que era sonreír cada vez que abría la puerta de un coche del que no recuerdo su marca, supongo que la olvidé cuando intenté hacer lo mismo contigo. De quien decía que eso no era más que eso pero cada vez que veía que me iba, volvía y es que tu miedo a que me fuera era comparable a mis ganas de quedarme contigo.

Repetiste tantas veces que no era más que un niño, casi tantas como me recordaste lo que tenía que aprender de la vida. Se te pasó decirme que tú no ibas a estar para enseñármelo. La agenda de mi móvil me recordó el otro día que si se trataba de llamarte a ti, no la necesitaba, porque creo que tu número me lo aprendí sólo de mirarlo para ver si sonaba antes. Cuando alguien me pregunta cómo eras, me resulta complicado describirte porque no es fácil explicar que vivías una vida de mentira y eras a la vez la persona más auténtica. La persona más de verdad con quien he compartido miles de ratos porque definir aquello como “momentos” me parece extraño. Tenías tanto miedo a que me enamorara de ti que yo no sabía como explicarte que no podía enamorarme de alguien que no quería que lo hiciera. Nunca te lo dije pero yo sí te quería. Se quiere lo que se sabe que no se puede tener y yo siempre fui un caprichoso, tal vez sólo fuera eso.

No creo que te acuerdes de mí demasiado pero tampoco puedo creerme que cuando oyes mi nombre, aunque sea un sólo instante, no pienses en mí. La última vez que te vi, supe que eso se terminaba ahí. No hizo falta que dijeras nada. Tú hablabas en silencios y yo sabía escucharlos. No te escribí más, tú tampoco lo hiciste y aunque algunos no entenderían el por qué de ese final, yo sé que no te portaste mal, que fue más por mí que por ti, que te diste cuenta de que uno de los dos ya no entendía el concepto de aquella extraña “relación” en la que no había amor pero sí sentimientos, que yo por ti sentía y tú, creo que preferiste sacrificar lo que querías de mí porque creías que merecía ser feliz. Tú también lo merecías y seguro que lo sigues mereciendo aunque no esté para verlo.

No te diré que tal vez el tiempo haga que nos encontremos, tampoco que prefiero pensar que alguna vez nos veremos. Tengo asumido que los puntos finales existen y que a veces son mejores que las comas sobre todo cuando ninguno sabe cómo continuar con la historia. Y lo entiendo, claro que yo sí lo entiendo aunque también puedo contarte que mi facilidad para quererte nunca entendió tu manera de perderme.

Ángel Ludeña.

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Un pensamiento en “Mi facilidad para quererte nunca entendió tu manera de perderme.

  1. Me encantan esas frases Asabinadas:
    Mi facilidad para quererte nunca entendió tu manera de perderme
    Como siempre precioso Ángel
    Gracias!

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