Si tú quieres es más fácil que te quieran a ti.

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Escribirte me resulta tan sencillo que me basta con navegar por los recuerdos y dejarme llevar, será que como canta Vetusta Morla siempre suena demasiado bien. Cualquiera diría que te conocían pero no, al menos no como te conocía yo. No sé si has cambiado, si ahora cantas rock y tocas el bajo o si has dejado a un lado todo lo que me gustaba de ti con tal de que yo no pudiera sentir.

Me he prometido a mí mismo más de 100 veces que eras una historia del pasado sin hueco en mi presente. Las mismas 100 veces que me he pillado pensando en qué sería de ti sin mí. O de mí sin ti. Hacía mucho que nuestras fotos las había dejado guardadas en la carpeta de cosas que olvidar pero es lo que tienen las tormentas en mitad del verano, que saben dónde rebuscar y qué pueden encontrar. Y apareciste tú en mitad de la pantalla, con esa sonrisa perfecta y esa mirada tan de verdad. Y ahí estaba yo, a tu lado, cogido de tu mano y con una cara de felicidad que ya apenas recordaba.

No sé si te echo más de menos a ti o al “mí” que se quedó contigo, a ese que sonreía porque creía que tú siempre estarías. Todos temen nombrarte delante de mí por si me duele, por si así te recuerdo más, por si rompen los planes del manual de consejos sobre cómo olvidar. Se equivocan tanto que ni siquiera me molesto en decirlo. Si alguien dice tu nombre, siempre hago lo mismo, miro hacia un lado y sonrío porque creo que en el fondo te gustaría que lo hiciera.

Una vez leí que las personas sólo se enamoraban una vez y durante mucho tiempo me enfadaba pensar que mi oportunidad la había gastado contigo. Ahora no porque aun con sus altos y bajos, sus idas y venidas y su forma de marcarme casi de por vida, no creo que muchos hayan vivido una historia como la nuestra. Tan cargada de mentiras y a la vez tan auténtica, tan al límite de la velocidad que vivíamos deprisa aunque decían que era la manera más sencilla de tropezar. Tropezar sonaba hasta bien si caerme significaba que tú me levantaras.

Tal vez puede que te siga esperando, que me niegue a pensar que no vas a volver. Tal vez sea simplemente el miedo a despertar y que no estés junto a mí, a escuchar el sonido de una guitarra que no sea la tuya o tal vez sean sólo mis ganas  de volver a ser quien fui. Que me he acostumbrado a estar sin ti es tan verdad como que te sigo echando de menos.

Tampoco sé lo que siento ahora por ti pueda que siga enamorado de un recuerdo, de lo que ya no eres y no de lo que sigues siendo. No sé si echo de menos nuestro “nosotros”, tampoco me da miedo que me quites a mí y pongas a otro sino que consigas sacar de alguien todo lo bueno que una vez me sacaste a mí. No hace demasiado escuché que cuando te enamoras, te vuelves mejor persona y ¿sabes? yo no sé si lo fui pero sí que una parte de mí siempre estará enamorada de ti porque hace tiempo entendí que si tú quieres es más fácil que te quieran a ti.

Ángel Ludeña.

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