El tiempo sabe más que tú y que yo, que sea él quien decida por los dos.

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Cuando el día decía que ibas a aparecer, encontrabas la forma de perderte y cuando la lluvia impedía ver más allá de dos palmos, tú te quedabas justo a uno, para que pudiese verte. Tenías esa capacidad única para saber dónde, cómo y cuando tocaba. Si el mundo giraba a más velocidad de la que nos atrevíamos a apreciar, yo intentaba dar más vueltas y tú pisabas el freno. Por miedo, a ti, a mí y a lo que pudiese surgir.

Siempre decían que había que aprender de los errores pero nosotros nunca nos equivocamos, tal vez no tuvimos la oportunidad. Tú te acercabas y yo me apartaba. Yo te miraba y tú te quitabas. Vivíamos anclados en el pasado. Tú en experiencias sin acabar. Yo en recuerdos que no quería contar. No sé por qué no lo intentaste. Tenías poco que perder, no me atrevo a decir mucho que ganar, quizá porque yo siempre fui de jugar aunque nunca entendiese de victorias.

Podíamos habernos equivocado juntos, puede que incluso probar a ser algo más y desafiar a quienes decían que no seríamos nada. Por ti habría apostado porque siempre me diste garantías a pesar de incumplir una lista entera de requisitos indispensables para estar a mi lado, luego comprendí que las normas estaban para romperlas y que yo nunca seguí el guión establecido en esta historia que ni siquiera llegó a serlo.

Creo que lo que más me gustaba de ti era que todo el mundo te quería. Hasta que te conocí pensaba que era imposible llevarse bien con tanta gente. Rompiste mis esquemas igual que acabaste con el miedo de conocer a quien me demostrase que merecía la pena. Tú la merecías, creo que eso siempre lo tuve claro. La perfección no encajaba en alguien como yo, muy de hablar del amor y poco acostumbrado a practicarlo. Te hablaba de amores del pasado y de historias sin principio pero con final. Me hablabas de diferentes formas de amar y de metas que alcanzar pero no decías que fuese juntos.

Siempre conseguías lo que te proponías, supongo que nunca fui una de tus proposiciones. Decían que esas tenían que ser todas buenas pero también que nunca pasaban de ahí. Yo crucé tus límites y saltó la alarma. Preferiste decir hasta aquí y entonces ya se verá. Y se vio, tú por tu lado, yo por el mío. Tú sin ganas de hacerme un hueco, yo con ganas de ocupar el tuyo sólo si era contigo.

No saber de ti no es tan mala opción pero a veces creo que podías haber dejado que nos sentásemos al lado y viésemos si aun quedaba algo. Me cuesta saber en qué punto estamos ahora, si nos toca esperar al próximo eclipse solar o si va siendo hora de que alguno se ponga a pensar en la mejor forma de volver a ser quienes fuimos. No tengas prisa, mi abuela decía que lo que era de uno, no se lo quitaba nadie y ya que el tiempo sabe más que tú y que yo, que sea él quien decida por los dos.

Ángel Ludeña.

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