Como decirle al otoño que me devuelva tu abril.

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Si me preguntasen el cómo les diría que antes me digan el por qué.  Así sé lo que puedo decir, lo que debo callar y hasta dónde quiero llegar. Escribir de ti en pasado siempre me resultó complicado. Hablarte en presente es más bien absurdo porque hace demasiado que decidiste no escucharme. Oír tu nombre antes me hacía sonreír, ahora prefiero no verme en esa situación en la que tú ya no eres tú, o al menos, no tan yo.

No sé por qué llegamos a este punto con lo sencillo que habría sido poner uno final en lugar de tanto suspensivo. Hace no demasiado si me hubiesen preguntado por ti, no habría tenido que decir nada más, bastaba con verme sonreír para saber que no era por mí. Sería injusto decir que he olvidado todo lo que fuimos para quedarme con lo que somos pero supongo que es la única forma de seguir y entender que antes caminábamos al lado y que ahora mientras tú sigues adelante, yo me he quedado completamente tirado. No pienso llenar de reproches las palabras que ya ni nos decimos, si los silencios se han hecho un hueco, yo no sé cual es la mejor manera de quitárselo.

Muchos me dicen que tenía que haber peleado por ti, que hacerlo era una forma de mantener viva nuestra historia, esa en la que tanto costaba avanzar y tan fácil resultaba echar las hojas para atrás pero esos no saben que yo necesito una cosa más, pelear sabiendo que tú querías que luchara por recuperar algo que ya ni siquiera sé qué era. Contigo aprendí que los kilómetros no sirven de nada, si hay dos que se quieren, al igual que los milímetros se convierten en distancias inalcanzables cuando no hay nada que alcanzar, ni ganas de luchar. Echarte de menos me resultaba tan sencillo como quererte de más.

Olvidarme de ti era hacerlo también de mí y siempre tuve buena memoria, supongo que la necesitaba para llenarla de buenos momentos contigo. Me da pena ver para lo que hemos quedado, que el tiempo que pasábamos al lado ahora no es más que una forma de echar la vista al pasado. Qué difícil es quererse y no entenderse. Qué jodido es asumir que hemos olvidado la manera de ser felices juntos. Si me miras, ya no me ves. Si me oyes, tampoco consigues escucharme. Tú me entendías sin hablar, ahora sabemos que tampoco hablar es la manera de entendernos. Antes me decías tantas cosas que me habría gustado escuchar ahora que he llegado a pensar que todas las historias deberían estar almacenadas en una grabadora para darle al play y recordar que hubo un tiempo en el que teníamos algo de lo que hablar, aunque ahora no lo sepamos.

Me dicen que piense en mí y en lo que me hace feliz, que si no quieres estar conmigo sea porque yo prefiero estar sin ti, que cuando te llame no diga tu nombre porque es una forma de recordarte y que me toca lograr olvidarte, qué sencillo de decir y que difícil de asumir, en realidad, es como decirle al otoño que me devuelva tu abril.

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Ángel Ludeña. 

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