Recuérdame por qué sabía que te quería.

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Si le preguntas a la mesilla de noche te dirá que el libro que siempre leía sigue en la misma página de por entonces. Supongo que me pidieron tantas veces que la pasara, que preferí dejarla ahí. Siempre fui en contra de lo que creían todos, puede que porque tenía bastante con creer en ti. Ellos decían que si te ibas, no volverías, que no dabas marcha atrás porque eras más de caminar hacia delante, como siempre hacen los valientes. Tan valiente para unas cosas, tan poco para otras. Yo los escuchaba, me callaba y los días en los que el sol brillaba más, esos que parecían poder con todo, sonreía porque sabía que vendrías. Los peores eran los de lluvia. El mal tiempo no encontraba mi buena cara sólo porque no estabas tú para verla. Esos días pensaba que eras una historia finiquitada.

Contigo lo esperaba todo de quien todo me lo había dado pero tuve tantos nada que las dudas terminaron por hacerse un sitio. Un sitio que ocupaba con quien decían que me ayudaría a pasar la página. Todo eran aciertos en alguien a quien sólo buscaba fallos. No era tú pero tampoco quería que lo fuese. El día que volviste tú tampoco lo eras. No quien habías sido, quien me conocía tan bien que no necesitaba verme para entenderme, quien una vez me prometió  lo que tantas veces repitió. Si era el amor de tu vida, no sé por qué te fuiste de ella.

Deja a un lado las palabras que hace mucho comprendí que se las lleva el viento, olvídate de lo que todos dicen y escucha lo que digo yo, y dile a tu memoria que se prepare, que esta vez te tocará utilizarla. No quiero inicios desde cero, nunca creí en ellos, tampoco de los sitios que ocupo en tu vida que has demostrado que sabía seguir sin tenerme contigo y déjate las promesas para convertirlas en realidades. Mírame de verdad y demuéstrame que me entiendes. Haz que me ría sin parar de todas y cada una de tus tonterías. Llámame cuando menos lo espere y preséntate en mi puerta para verme un rato más. Pídele al tiempo que vuelva el Sol, que a ti siempre te hacía caso. Sorpréndeme con esa sonrisa que tanto me gustaba y enséñame que el banco donde nos conocimos sigue teniendo nuestra historia tallada. Demuéstrame que todavía hay una historia a la que poder llamar como nuestra.

Si te digo que quiero volver, te miento y si te digo que he dejado de quererte, también porque quererte, te voy a querer siempre pero ahora ya no sé si con eso es suficiente. Cuando estábamos juntos no necesitaba que nadie me lo preguntara para saber que te quería tanto como para estar contigo sin pensármelo, que había suficientes risas para que siempre apostase a ganar, en cambio, ahora necesito saber si quiero jugar o es una oportunidad que esta vez prefiero dejar pasar, por eso ahora te digo que si de verdad quieres tener a quien tenías, recuérdame por qué sabía que te quería.

Ángel Ludeña.

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