Si formas parte del pasado, por qué te tengo tan presente.

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Cada vez que llega el invierno me acuerdo de ti. Con el verano consigo dejarte un poco más atrás, a pesar de que te tengo más cerca. Con la primavera y la sangre alterada recuerdo que las mejores de nuestras historias fueron ahí y en resumen, aun después de tanto, sigo pensando en ti.

No sé por qué terminamos así, si es que en algún momento llegamos a terminar, durante mucho tiempo tuve claro que las amistades nunca se acababan si eran de verdad, ahora he llegado a dudar si tuvimos verdad entre tantas mentiras, tuyas y también mías. Creo que hay muchas formas de salvarle la vida a alguien, tú me la salvaste a mí. Con tu manera de expresarte, con tu forma de incluirme en tu mundo, con tu facilidad para entenderme y con tus ganas de poder con todo, como siempre podíamos. Éramos tan inseparables que estar un día sin hablarnos era más improbable que ver como un cometa se estrella contra la Tierra. Sabíamos que todos hablaban de nosotros porque no tenían mucho que hablar de ellos aunque nuestra forma de enfrentarnos a aquellos años diese tanto de sí como para protagonizar algunos de los mejores libros. No me gusta hablar de lo felices que fuimos entonces, porque sé que fueron momentos tan imborrables como irrepetibles, aunque hay veces que me pillo, sin querer queriendo, sonriendo mirando aquellas fotos que aun siguen puestas en un lugar de excepción de mi cuarto.

El hecho de vernos una vez al año en lugar de a diario no nos ha ayudado demasiado en esto de recordarnos pero supongo que si la vida quiso que fuera así, por algo será. Si te puso en mi camino entonces y te quitó después, tan sólo se lo puedo agradecer porque al menos aquella vez decidió darme la oportunidad de conocerte y de quererte. Casi nadie me habla de ti, cada vez que te escribo se produce una extraña sensación alrededor de eso, puede que porque muchos no te conozcan, otros porque me conocen demasiado. Ella ya nunca te nombra, supongo que es lo que tiene estar siempre en medio, que cuando los extremos se alejan, el centro es quien peor lo pasa. Dicen que desde que me fui, nunca volviste a ser la misma. Tú misma dijiste una vez que las cosas habían cambiado y volverían a ser como antes cuando yo volviese a estar allí. Te equivocas tanto que me da pena decírtelo. La distancia no tiene la culpa de que dos que lo fueron todo hayan hecho del silencio su mejor forma de comunicarse. El tiempo no es el responsable de que nuestras ganas de estar juntos se perdieran entre tantos reproches.

Dices que he cambiado. Si cambiar para ti es avanzar, puede que tengas razón, esa que tantas veces nos faltó. Siempre fuimos más de escuchar al corazón. Ese que latía desesperadamente por amores que nos duraban un asalto, el mismo que sentía de más por quienes no sabían ni nuestro nombre, el que se escondía cuando la música sonaba y la colonia cara se respiraba en cada momento y el que nos decía que siempre estaríamos juntos.

Claro que te sigo queriendo, claro que te echo de menos, claro que me he acostumbrado a vivir por separado aunque todavía haya gente que pregunte que si formas parte del pasado, por qué te tengo tan presente.

Ángel Ludeña.

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2 pensamientos en “Si formas parte del pasado, por qué te tengo tan presente.

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