Diciembre ya no recuerda que contigo nunca nevaba.

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Te he escrito tanto y tantas veces que en algunas ocasiones llegué a creer que sólo servía para escribirte a ti. Ponía la música de fondo, tus recuerdos en mi memoria y me dejaba llevar por unos dedos que nunca se atrevían a poner tu nombre. Hablaba de tu pelo, de tus ojos, de tu boca, de tu forma de hablar, de mirarme, de reírte, de tu manera de hacerme feliz. Hace mucho de aquello, tanto que he necesitado unas cuantas estaciones y no de esos trenes que siempre volvían, para olvidarte. Sí, esta vez te he olvidado o más bien he logrado que tus recuerdos ya no me duelan.

Escribí una vez que prefería no comprobar si eras capaz de seguir haciéndome daño. Recuerdo las veces que todos me decían que nadie moría de amor y no sería yo el primero. Podría escribirte una a una todas las estrategias para olvidarte que consideraban infalibles aquellos que nunca las habían probado. Podría hablarte de ella igual que ella podría hablarte de mí y de tanto como pasamos.

No sé si me crees si te digo que nos levantábamos cada mañana porque creíamos que era una oportunidad más para volver con vosotros. Ella con él, yo contigo. Siempre fuimos en paralelo. Nadie nos entendía porque no nos entendíamos ni nosotros mismos. Nunca merecisteis la pena, al menos, no lo suficiente para reducir nuestras vidas a intentar recuperaros. Llegó un momento en el que ni siquiera sabíamos qué queríamos recuperar. Si a vosotros, o lo felices que creíamos ser cuando os teníamos al lado. Hemos vuelto a ser capaces de escuchar vuestros nombres y no pensar en qué sería de vuestras vidas. Hemos aprendido a que nadie conspira contra nosotros cuando se trata de vosotros.

Hemos sido capaces de escuchar las canciones que tantas veces compartimos y buscarles un significado diferente, algo que se alejara de aquellas tardes de primavera de paseos en el Retiro. No, no hemos perdido el miedo a enamorarnos pero sí hemos recuperado las ganas de ilusionarnos. Y lo hemos conseguido.

Ya no buscamos sustitutos para vosotros porque preferimos ser capaces de ver lo bueno que hay en otros. Hemos salido con quienes nunca habríamos pensado y hemos visto que no es tan difícil sonreír cuando no estáis delante.

Hemos comprobado que se puede besar a alguien y sentir eso que ya apenas recordábamos. Hemos vuelto a las andadas de cenas hasta las tantas con los “me dijo” y “me contestó” acompañados de la mejor de las sonrisas. Hemos asumido que ya no formáis parte de nuestras vidas y nos hemos alegrado de que seáis felices sin nosotros. Ella dice que puede que siempre seáis los amores que nunca se olvidan pero te puedo asegurar que ella también ha empezado a olvidar. Tal vez una parte de nosotros no se vuelva a enamorar de alguien que no seáis vosotros pero tenemos más que comprobado que el corazón sabe adaptarse y si se trata de volver a enamorarse, sabrá comportarse. Y sabes, él que decía que nunca te olvidaba se ha dado cuenta de que Diciembre ya no recuerda que contigo nunca nevaba.

Ángel Ludeña.

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