Si me quieres tanto como dices, entiende lo que te digo yo.

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Dicen que cuando dos personas se quieren son capaces de superar todas las barreras para estar juntos. También que el amor es una carrera de fondo, que tiene altos y bajos, que las discusiones forman parte de la pareja y que los que se pelean, también se desean. No sé que pasó con nosotros, si fue la facilidad que siempre tuvimos para dejar que se metiesen otros o si la culpa fue nuestra, puede que tal vez la combinación de ambas dos.

Hemos discutido tantas veces como terminamos revolcándonos en un colchón que nunca se quejaba, a veces llegué a pensar que lo hacíamos aposta, que era muy fácil discutir si sabíamos de antemano como acabaría la historia. Si alguien me hubiese contado lo que habría llegado a quererte, no lo habría creído, a buen seguro le habría dicho que estaba hablando con el que nunca se enamoraba, con el que siempre decía a sus amigas que cuando un amor se acababa era porque otro estaba al llegar.

Y en una de tantas, llegaste tú.Una historia más que venía directa a aumentar la lista de fracasos amorosos con de todo menos amor, del de verdad. Llegaste tú y todo lo demás. Las conversaciones hasta las tantas que terminaban casi cuando volvían a empezar, los besos que se perdían entre tantos abrazos, las risas a carcajadas por cualquiera de nuestras tonterías y esa forma de quererte y pensar que duraríamos toda la vida. Nunca supimos cómo llamar a nuestra historia porque ningún nombre era mejor que poder llamarla como nuestra. Tuya, también mía. Mía, también tuya. De los dos que tanto pasamos cuando creíamos que merecía la pena luchar por querernos. Hicimos de la batalla una forma más de demostrarnos que nos queríamos. Perdimos el tiempo de los besos y los cambiamos por reproches. Dejamos los bailes desenfrenados en todo garito que se preciase, por miradas de “me callo más de lo que me gustaría” cada vez que alguien se acercaba. Hablamos de todo menos de nosotros porque llegó un momento que preferíamos ocultar nuestros problemas para centrarnos en los de otros, era tan fácil que intentar recuperarnos se convirtió en complicado.

Nos perdimos cuando nos cansamos de buscarnos, nos olvidamos de querernos porque nos fallaba la memoria, nos dejamos de besar cuando nos faltaba tiempo para discutir, nos quedamos sin nosotros cuando vinieron los otros y nos dejamos de querer tantas veces como lo dijimos aunque ninguna fuera de las de verdad.

Las canciones ya no hablan de ti, no tanto como lo hacían, puede que ellas también se cansaran de historias repetidas en bucle con dos protagonistas que ya no se paraban a escucharlas. Me resulta imposible saber si me enamoraré de alguien tanto como de ti, puede que ahí sí tengas razón y nosotros siempre estemos destinados a ese ni contigo, ni sin ti que nunca termina con los dos juntos, pero debo decirte que he comprobado que si puedo volver a ilusionarme, darme cuenta de que eres pasado aunque sigas presente, que te querré siempre pero con eso no es bastante para que todo vuelva a ser como antes. Cuando tú me mirabas y me paralizabas con una sonrisa, cuando creía en ti más que en mí, cuando tus besos desbancaban a los de Titanic y cuando mi vida se reducía a compartirla contigo. No sé si es la explicación que nunca nadie nos dió, si forma parte de la fórmula para olvidarte que nunca surtió efecto o si es mejor que el tiempo decida por los dos pero si me quieres tanto como dices, entiende lo que te digo yo.

Ángel Ludeña.

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