Manual de consejos sobre cómo olvidar.

Me dijeron que no volviera a escribirte, que imaginara que nunca habías existido en mi vida, que pensara que te habías ido para siempre y que recordarte sólo era una forma de hacerme daño. Me dijeron que yo valía más que tú, que nunca habías merecido la pena, que todos se sorprendían de que estuviese a tu lado y que no había más que mirarnos para saber que no pegábamos. Me dijeron que no me habías querido, que te habían visto con más mientras yo vivía tus menos. Me dijeron que encontraría a alguien que me haría más feliz que tú, que estaba claro que si te ibas, algo mejor vendría a mi vida. Hablaron tanto que llegó un momento en el que dejé de escucharles. Ya no peleaba por desmontar sus argumentos, no les quitaba razones que igual ellos tenían, no les decía nada porque hice de aquel nada mi particular todo.

Y aquí estoy, con la música más alta que mi cabeza, dos fotos viejas en las que poco me parezco a lo que soy y tus recuerdos en mitad de la habitación en forma de dos canciones que todavía se oyen en mi cuarto, supongo que ya nunca las pones en el tuyo. Sin darme cuenta cogí todo lo que me dijeron aquellos con los que espero que no te vuelvas a cruzar por un bien de interés general y fui incumpliendo sucesivamente cada una de esas normas extrañas que hablaban mucho de teoría pero muy poco de práctica.

Te escribí cuando creí que ya tú no ibas a volver a hacerlo, me acordé de tu vida cuando sentía que tú te olvidabas de la mía, me di cuenta de que habías vuelto o que nunca te habías ido a la vez que  descubrí que ya no me dolías como cuando no sabía si me hacía más daño verte y no tenerte o saber que no te tenía y que en cambio podía seguir viéndote. Todo sin que los demás lo supieran, escondiéndome del mundo cada vez que quedábamos por si alguien hablaba más de la cuenta, dándole la vuelta al teléfono por si se te ocurría volver a escribirme, evitando cualquier foto contigo por si el carrete se equivocaba y la mandaba a quien no debía y guardando silencio por miedo a que mis palabras dijeran más de lo que yo quería contar sobre ti.

Tú, en cambio, tan impasible como siempre, tan de “me da igual todo que si nos ven nos han visto” que me demostrabas en cada uno de esos momentos, después de cada una de tus frases, lo poco que te importaba de verdad. Lo nada que te preocupaban los problemas que me iba a suponer que supieran que habías vuelto a una vida de la que aún tenías la puerta abierta. Las interminables malas caras cada vez que me los encontrara y que todos dijeran que era tan tonto volviendo contigo que no iban a estar para cuando volvieses a irte sin decir hasta luego, porque no, tu nunca dices adiós, creo que siempre sabes que vas a volver.

Y entonces me doy cuenta de que no. Que tú querías ganar puntos de no sé que puto juego ganándome a mí de nuevo, que te encantaba que todos supieran que habíamos vuelto porque yo siempre iba a estar para ti y querías demostrarlo, no sabía como tratarlo pero ahora ya si sé, hasta aquí llegamos tú y yo, que te vaya bien y cuando quieras saber de mí ponte a recordar que yo acabo de aplicar, por fin, el manual de consejos sobre cómo olvidar.

Ángel Ludeña.

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Un pensamiento en “Manual de consejos sobre cómo olvidar.

  1. Sencillamente tan genial, que se esboza una pequeña sonrisa, asoma una pequeña lágrima recordando que todo ello, es real.

Dime lo que quieras, pero dime algo.

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