El fantástico fenómeno de llevarte siempre la contraria.

ANGEL BN

Me he prometido tantas veces que iba a ser la última vez que te escribía que ya paso de decir algo que nunca tengo claro si voy a cumplir, porque sí, todavía me acuerdo de ti. Bueno, más que de ti, de aquello. Una historia inamovible, en la que no ha pasado nada nuevo, cerrada a cal y canto desde hace tanto. Una historia de verdades, de mentiras, de amistad, una historia tan real que muchos se sorprendían de que lo fuera.

Ha pasado más tiempo del que me atrevo a calcular, han pasado más días de los que podemos contar, han pasado más pero nunca nada igual. No a ti, que tampoco quiero que se te parezcan, nada igual a aquello, donde éramos marionetas metidas en un incesante juego. No sé qué tenía esa historia que a tantos gustaba, esa, que ahora, tan de agua pasada, todavía abre los oídos de todo aquel al que se le cuenta.

La última vez que te vi tuve la oportunidad perfecta de retomarla, de darle continuidad a ese punto final que nunca nadie puso. Te tuve tan a punto que me habría bastado con mirarte un poco más para saber que ibas a ir detrás. No, no te atrevas a negarlo que nos conocemos tan bien que tú y también yo sabemos que venías a eso, a seguir con aquello que a ti nunca te supuso más que diversión, que esos rollos de que todos lo pasan mal cuando una historia se termina no es más que una mentira. Tantas veces había pedido volver a tener delante, otra oportunidad, tenerte conmigo una noche más, que cuando te vi, quería volver a sentir por ti.

Me acuerdo que no se lo conté a mis amigas, que ellas no lo sabían. Me acuerdo de su cara cuando se lo dije, de sus miradas, de su forma de pedirme sin hablar que les dijera que aquella vez si que no se iba a retomar. Y entonces apareció ella, tan oportuna como siempre, tan de escuchar más que de hablar, tan clara como el agua y tan fuerte como el tequila. Su pregunta nunca llegó, la que todas me habían hecho, la de si todavía cuando te veía, sentía. Ella lo tenía claro. Me acuerdo de esa frase, “quieres que te guste pero no, ya no te gusta”, de la forma de pararme, pensarlo y saber que era verdad. No te quería, no me atraías, no te odiaba, no me hacías sentir y no sabes la pena que me daba. Con lo que te había querido, con lo que había repetido que algún día íbamos a volver, que yo no quería a nadie que no fueses tú. Con todo eso y no, tú ahí, yo a tu lado pero con una increíble separación, quien nos lo iba a decir cuando hacíamos de los cientos de kilómetros un piel con piel en cada llamada, en cada mensaje, en cada una de las veces en las que me habría subido a un tren a ninguna parte sólo por tenerte delante. Sé que te sorprendió, que pensarías quién era yo pero fíjate no, nadie se moría de amor y yo no fui el primero.

Ahora tanto después, te lo agradezco, el volver a verte y no entendernos, el saber que a veces es mejor un pasado bien recordado que una historia sin acabar, porque la nuestra tuvo un final, el de dos que se querían tanto que se fueron juntos y nos dejaron aquí, que donde estén les vaya bien y sean felices, o que al menos coman perdices, como en aquellos cuentos. Al principio nadie me creía cuando lo decía, ahora lo ven, que he vuelto a ser yo, que estoy bien, no sé si lo entenderás, si tendrías la esperanza de aquella historia, de poder retomarla, pero no,  puede que simplemente por el fantástico fenómeno de llevarte siempre la contraria.

Ángel Ludeña.

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