Enamorarse.

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Sólo sabes definirlo, si lo has sentido. Sólo sabes comprenderlo, si lo has vivido. Ese torbellino de emociones, esa corriente de todo lo bueno que igual sube que baja, que igual viene que va y que nunca se está quieta. Enamorarse es sentir que tienes todo lo que necesitas para ser feliz. Puedes estar en medio del desierto, en mitad del Amazonas, en un portal de un barrio obrero o en la terraza del mejor hotel de Madrid. Enamorarse es sonreír sin darse cuenta de por qué, instalar de forma permanente el chip de la felicidad, dar vueltas en dirección contraria y sentir que vas en línea recta y descubrir que lo bonito de las historias, a veces, también son las curvas.

Enamorarse es que tu teléfono suene y no te haga falta mirar quién está detrás, que los buenas noches hagan de verdad noches buenas y que los buenos días se conviertan en días buenos, si se me permite, en los mejores. Enamorarse no entiende de quién, de cómo ni de por qué, no entiende de colores, aunque tenga toda la gama cromática, no sabe de sexos aunque eso nunca falte y no entiende de papeles de por medio porque siempre se terminan perdiendo.

Enamorarse es quererse en las buenas tanto como en las malas, convertir los malos momentos en experiencias y los buenos en recuerdos y hacer de un día nublado el agosto más soleado, que se recuerda. Enamorarse es que tus amigos te pregunten por qué sólo hablas de alguien que no eres tú, creer que ninguno te entiende porque sólo os entendéis vosotros y encontrar explicaciones incomprensibles a toda historia increíble. Enamorarse es viajar de la mano acurrucados en un sofá. Enamorarse es mirarse a un espejo y sonreír por tener tanta suerte, porque entre tantos millones de personas tú has encontrado a la única que llena la tuya. Enamorarse es que tu madre se siente a tu lado y te apetezca hablarle de vosotros, contarle por qué es mejor que nadie, cuánto le quieres y cuánto quieres que todos le quieran. Enamorarse es planear una vida juntos cuando aún no sabéis que hacer mañana, pasaros toda una tarde hablando de cómo seréis cuando no tenéis ni idea de cómo sois. Enamorarse es vivir los días, con sus horas, sus minutos, sus segundos, pero vivir de verdad.

Enamorarse es saber hasta dónde llegar, cuando toca decir ya, poner el punto final mil y una veces y hacerlo y seguido las mil y una. Enamorarse es prometer que esa oportunidad será la última y saber que nunca será verdad. Enamorarse es sentir que protagonizáis todas las canciones que escucháis, creer que ninguna película romántica podrá contar una historia tan bonita como la vuestra y asumir que nunca querrás a alguien tan así, tan de esa forma, en la que hasta de la peor derrota hacías victoria. Enamorarse es saber que una vez la historia se cierra, te puedes volver a enamorar pero nunca será igual porque es imposible sentir lo mismo una y otra vez.

Enamorarse es asumir que no volveréis a estar juntos y desear que le vaya bien, que si lo está, tú a tu manera también lo estarás, porque quien quiere a quien le quiere, saber de verdad lo que es querer y vosotros siempre os querréis. Nunca se deja de querer a quien una vez quisiste. Algunos no entenderán esta parte, supongo que por eso es bonito enamorarse.

 Ángel Ludeña.

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