Cuando tú también te acuerdas.

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Te sería muy poco sincero si te digo que te tengo muy presente, incluso, si me atrevo a decir que a diario me acuerdo de ti, pero lo sería aún menos si te dijese que porque ya no te escriba, tampoco te recuerdo. Hace tanto que no te veo que me cuesta saber que ha sido de ti después de ese distanciamiento opcional que a los dos nos pareció tan bien, al principio te lo parecía a ti, y luego a mí con esa idea de que lo mejor era no tener que coincidir.

Me ha dado cuenta de que ya no me acuerdo de cómo era tu voz, no podría definir de manera exacta el color de tu piel y si me apuras tampoco recuerdo cómo olías, aunque sí que siempre me encantaba como tanto te lo decía. Me planteo que pasaría si volviese a verte y no sé si me da más miedo confirmar que ya no eres de quien me enamoré o si por el contrario has vuelto a ser por quien tantas veces hubiese firmado la guerra y la paz, con solo una promesa tuya de que merecía la pena.

Sé que si te mirara una sola vez a los ojos sabría si tú todavía sientes que formo parte de tu vida o si hace mucho que decidiste sacarme de tu historia. Yo por mi parte te mantengo en la mía, aunque no seas mi presente, y no me plantee un futuro con alguien que no supo darme ni un instante de seguridad y que en cambio me hacía sentir siempre especial. Seguro que hay quien dice que estuviste con más pero esos momentos me los quedo yo, que los demás ya tendrán los suyos y yo nunca fui de quitárselos. La de veces que pensé que si tú no estabas conmigo era porque se habían metido más de la cuenta y lo claro que tengo ahora que el fallo fue nuestro por dejar que pasaran y que alguno incluso se quedara. Contigo, que yo nunca le hice un hueco, bastante tenía con intentar que alguien supliese el tuyo.

Has rehecho tu vida con quien probablemente merezca la pena y es que seguro que si ha encontrado la forma de tenerte con él es porque sabe quererte de verdad, yo también te quise pero igual nos faltaba algo que no supimos encontrar. Puede que estuviésemos demasiado preocupados en crear una historia que merecía la pena contar porque tenía todos los ingredientes de una peli de hollywood de esas que siempre acaban bien. La nuestra no, puede que porque los tiempos cambian.

Me sigue costando escuchar algunas canciones de las que siempre poníamos. Si me pillan en un buen momento, sonrío y miro al frente con esas gafas de sol que me sigo poniendo. Nunca fui de costumbres y las que tenía contigo aún las tengo, supongo que lo asocio a los buenos recuerdos, y es que ya no somos más que eso, un puñado de fotos viejas, algún que otro detalle que aún conservo y un montón de buenos momentos.

No sé por qué todavía cuento alguna vez cómo nos conocimos con el tiempo que hace que metí las fotos donde no pudieran verlas y es que tampoco hace falta mirarlas cuando tú también te acuerdas.

Ángel Ludeña.

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