Por las veces que brindaré contigo.

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Escribir al año que pasa es tan clásicamente absurdo como leer el libro cuando ya está la peli. Yo no escribo a los meses que ya pasaron ni para dar las gracias, ni para recordar si fueron buenos o malos, me quedo con eso de escribir a lo que vendrá y a los que quiero que sigan viniendo, no es plan de centrar mi nuevo año en los que se fueron, porque los de verdad siguen estando aunque no necesiten tener los pies en el suelo.

Quiero escribir a quien me saque las sonrisas por las mañanas y sepa que el café me gusta con leche porque se me nota. Me gustaría hablar de la gente que suma, que no estamos para restar y es que no hace tanto que descubrí que dos negativos lo convierten todo en positivo. Quiero acordarme de que a mis amigas les gusta beber ron con limón pero que se adaptan a lo que haga falta, que una de ellas se queda siempre con la ginebra y que la tónica no sea la más cara, que no está muy buena. Quiero saber que mi hermana sigue estando a una hora y media en ave, que en mi familia están los locos más cuerdos y que lo de hacer de la necesidad, una virtud no es algo nuevo para nosotros. Decía mi abuelo, ay abuelo, que tres cosas había en la vida, salud, dinero y amor, siempre fue tan genial que me encanta recordarlo.

De salud nos conformamos con poder bailar hasta las tantas siempre que la música suene fuerte, levantarnos por las mañanas con ganas de todo lo bueno y acostarnos por las noches sabiendo que va bien y que seguro que irá mejor. De dinero, me quedo con no saber lo que tengo en la tarjeta pero tener claro que habrá quien eche una ayudita de vez en cuando, un trabajo que la llene lo suficiente para vivir tan bien como nos merecemos, y poder concedernos un viaje por todo el mundo, aunque mientras esto llega nos conformamos con un coche con el depósito lleno y ganas de recorrerlo. Y de amor, de amor tuvimos que hablar. Quedémonos con que todavía haya días en los que estires la mano en el colchón y haya quien te la coja, una vida sexual sana y agitada, al menos, lo suficiente para la edad que corresponda, y una ilusión por encontrarte a alguien con quien compartir todo lo bueno que seguro que está por llegar. Yo no pido más que lo que estoy dispuesto a dar.

Tener a mis amigos tan cerca como para poder tocarlos cada vez que nos apetezca vernos, a mi familia tan unida como antaño, música para acompañar todos los buenos momentos y sobre todo ganas de vivirlos. A los que estáis, gracias por tanto, por dejarme formar parte de vosotros y porque entre tantos millones de personas, este mundo que casi siempre se porta mejor de lo que reconocemos, nos ha dado la oportunidad de ser felices. Mientras que nos llega todo lo bueno que seguro que ya está viniendo, ve abriendo el champán, por ti, por mí y por las veces que brindaré contigo.

¡Feliz 2015!

Ángel Ludeña

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